El jurado de la distinción “Harmony 2006″, premio creado por la UNESCO, acaba de seleccionar como práctica cultural modelo (Best Cultural Practice) en materia de desarrollo sostenible el Programa de Abuelas Cuentacuentos de Argentina (Chaco). Iniciado hace cinco años por iniciativa de la Fundación Mempo Giardinelli, este programa moviliza a personas de la tercera edad para que se presten voluntariamente a leer relatos a los chicos, contribuyendo así al diálogo entre las generaciones y al fomento de la lectura.
La distinción “Harmony” recompensa prácticas ejemplares que contribuyen a mejorar la calidad de vida y que integran aspectos culturales en las actividades encaminadas al desarrollo económico, social y medioambiental.
A mediados de los ‘90, y durante una visita a Alemania, Mempo Giardinelli tomó contacto con personas de la llamada Tercera Edad que visitaban hospitales para leerles cuentos a enfermos terminales, aliviándoles así el dolor de cerrar sus vidas. Del impacto producido por aquella noble manera de ayudar a bien morir, nació la idea de que la lectura de cuentos debía ayudar, también, a bien vivir.
Así se gestó en 1999 el Programa de Abuelas Cuentacuentos, basado en la idea de llevar lecturas a los que empiezan la vida, dándoles así una oportunidad de acceder al libro y de ejercer su derecho a la lectura. Se trataba de desarrollar una acción concreta de estímulo permanente de la lectura, orientada hacia la creación de futuros lectores y capaz de crear una futura ciudadanía con alta demanda de textos de calidad y otros bienes culturales.
El Programa convoca a personas de la así llamada “tercera edad”, que tengan vocación y deseos de leer cuentos y relatos a un público infantil. Estas personas -que pueden ser o no de edad avanzada, y no necesariamente de sexo femenino- son capacitadas por personal especializado en la Fundación, que les entrega materiales y libros para ir al encuentro de niños y niñas de escuelas del Área Metropolitana de la capital del Chaco, que se conoce como Gran Resistencia.
En mayor o menor medida casi todos los niños en edad escolar del Chaco, nunca, o muy raramente, han tenido la oportunidad de que algún familiar les provea de esta experiencia de afecto y belleza fundante en la vida de toda persona. Se trata, por lo tanto, de una labor desinteresada y amorosa que procura llevar el alimento espiritual indispensable que es la Lectura, y particularmente el extraordinario espectáculo de la literatura a miles de niños, muchos de ellos aborígenes, de barrios periféricos y/o de comunidades marginales, a los que se les brinda una oportunidad para que desarrollen un sentido ontológico y estético que les será de utilidad a lo largo de sus vidas