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Adictos al cine pesar de la crisis

Por Gloria Escribano, desde San Sebastián. Los preparativos para ir al Festival de Cine de San Sebastián siempre son entusiasmantes. Los adictos comenzamos a llamarnos por teléfono y a enviarnos mails al final de las vacaciones de agosto para combinar el viaje juntos, para agendar llegadas y eventos posibles, para compartir el alojamiento o quedar cerca unos de otros.

San Sebastián

Muchos no nos vemos durante todo el año pero septiembre se convierte en el mes de la puesta al día de los avatares de nuestra vida personal y profesional. Pero eso, en todo caso, será también los primeros días del encuentro, porque luego, cuando nos cruzamos y compartimos una caña entre función y función o después de enviar nuestras crónicas, no hacemos otra cosa que hablar de cine, comentar lo que hemos visto a lo largo del día (poniendo a parir a más de un director por habernos hecho perder el tiempo)  o lamentarnos del poco tiempo que queda para hacer todo lo que queremos hacer (ver cine, ir a presentaciones, asistir a ruedas de prensa, consultar el correo electrónico, escribir y además, darnos un paseo por el paseo marítimo, comer pescado en el puerto…). Este año pude escaparme nuevamentea los jardines del parque Victoria Eugenia y visité las dos magníficas exposiciones en Tabakalera: “Un perro andaluz, 80 años después”, dedicada a la película del gran Luis Buñuel y “Tabakalera suena”, una exposición – recorrido por esta antigua fábrica de tabaco, en la que instalaciones sonoras, esculturas o trabajos audiovisuales interactivos de doce artistas invitan a conocer este peculiar edificio (www.tabakalera.eu).

Los más aplicados se levantan temprano para los pases de prensa de 9 de la mañana; los más obsesivos van a la trasnoche y los absolutamente relajados caminan de aquí para allá haciendo sociales intentando no perderse festejo alguno. ¡Siempre los pillas con una invitación a mano! ¿Cómo harán? Ese sí que es un arte… Los que tienen más aguante y espíritu noctámbulo no se han perdido una. Ya se sabe, además, que los negocios copa en mano surgen de manera informal y suelen ser fructíferos.

San Sebastián

Este año, la edición, la primera en plena crisis, ha acusado el recorte presupuestario y a pesar de los esfuerzos generales por mantener el tipo, se ha notado cierta “mishiadura” general. Para empezar,  toda la parafernalia que rodea a eventos de este tipo, como publicidad, carteles callejeros de promoción, folletos informativos  (aunque se agradece que sean un poco más ecológicos y no nos atiborren de papeles) y cócteles varios e ha disminuido considerablemente.  Aunque todavía quedan encuentros clásicos como la presentación del Festival de Cine de Canarias, los premios de Cine en Construcción, la cita  de las Escuelas de Cine y la entrega del Premio Nacional de Cinematografía, este año otorgado a Maribel Verdú, entre otros, a donde se acude para apoyar la iniciativa y tomar nota de lo que se cuece aprovechando la ocasión para tomar una copa relajadamente y cotillear con los habituales. Interesantes ha sido, también, los desayunos del Club de Prensa con directores latinoamericanos y los coloquios y encuentros de las secciones Made in Spain y Nuevos directores, una inteligente manera de acercar figuras menos conocidas a los medios de comunicación y al público y una oportunidad de darles voz y rostro para que defiendan sus obras. Estas citas se realizaron todos los días a las 11 de la mañana y entre café y croissants comenzaba la jornada para los menos madrugadores. Allí, Natalia Oreiro, Adrián Biniez, Ciro Alegría y Santiago Loza, entre otros, explicaron, de manera informal y amistosa los entresijos de sus trabajos.

Por lo demás, las grandes fiestas brillaron por su ausencia y la noche donostiarra pintó bastante descafeinada aunque estuvieron animadas las de El secreto de tus ojos, en el Hotel Londres y la que organizaron los productores de Yo, también (Julio Medem y Koldo Zuazua) en el Bataplán, la discoteca con magnificas vistas a la playa de la Concha. Tal vez nos hacemos mayores pero se añora un poco de desmelene, por favor. ¿Será el cambio generacional? Es decir, los más veteranos van a lo suyo, al bussiness puro y duro y los nuevos tal vez van buscando su rumbo entre el día y la noche.  Si los actores españoles actuaran más como anfitriones tal vez la cosa se animaría pero parece que esa diversión la dejan para el Festival de Málaga uno de los más moviditos.

En resumen: derroche, cero; practicidad, austeridad y marketing directo, ciento por ciento. Ya dijo Mikel Olaciregui, el director del festival que la consigna era “innovar más que recortar”, dejar de lado lo superfluo y apuntar a lo básico que es traer a los buenos directores. Para dar números: han sido un total 550 proyecciones, 128 películas y casi 2.000 acreditados.

Esplendor de una ciudad de cine

El sol se hizo presente los últimos días. Un respiro para llegar a la entrega de premios sin paraguas, situación tan poco fashion e incómoda. El cielo encapotado, la lluvia finita e incensante y una humedad infame planearon durante toda la semana.  Mal asunto para lucir modelitos y yo con estos pelos, diría más de una. El problema ha sido qué ponerse en los pies sin perder elegancia porque lo que clamaba necesidad eran  simples zapatillas o zapatos de goma, no tacones… Frivolidades aparte, la informalidad campea a sus anchas cada vez más y lejos quedan las galas de lamé. Eso también tranquiliza y da respiro.

San Sebastián

Y me quito el sombrero, una vez más, ante la gran protagonista de esta convocatoria que es la propia ciudad de San Sebastián. Abiertamente cinematográfica, el paisaje que rodea a la playa de la Concha, la zona el teatro Victoria Eugenia, el Hotel María Cristina (en donde se alojan las estrellas, los invitados y los huéspedes con posibles), y los alrededores del  Palacio del Kursaal, una de las sede de proyecciones, son una elegante y ajustada escenografía por donde esta semana de cine todos nos sentimos dentro de una gran película. Y una película con un guión acotado porque es un espacio abarcable, por donde se camina cómodo, en donde la gente es amable y todo el mundo se entiende. Ni hablar de la gastronomía, pieza clave y tema de conversación diario desde el primer día en que se pone un pie en País Vasco. Cannes es Cannes y Venecia se llevará todos los brillos pero este Festival es precisamente entrañable por su acogida y por no tener nada de monstruoso ni de inabarcable. Hay de todo y a todo se puede llegar. Todos nos sentimos tan bien tratados, que volvemos.

La otra gran sorpresa es el público. Más allá de la gente de la industria, de los periodistas acreditados y de los cinéfilos, sin los donostiarras las salas estarían vacías. Llevan décadas apoyando a su festival y no les importa hacer colas para tener los mejores asientos (las entradas no son numeradas). Por nada del mundo se pierden su fiesta. Este año, a pesar de los bolsillos resentidos, se ha vendido un 30 % más de entradas. Lo más curioso y reconfortante aún son todos aquellos que viajan a la ciudad vasca desde cualquier punto de España (y no olvidemos a los franceses que viven cerca de frontera), que vienen a hacer una inmersión profunda en las novedades del celuloide, a pegarse una panzada de películas en versión de original. Puri se toma todos los años una semana para venir desde la isla de Lanzarote; Manuela que vive en Cáceres, la acompaña. Carolina estudió cine y es aspirante actriz. Sube desde el sur, Algeciras, sin pereza desde hace cinco años.  Andrés es funcionario de un ministerio y vive en Murcia. Está aquí con dos amigos. Pocos estrenos en sus ciudades, casi todo el material doblado y la oportunidad de ponerse al día en una semana son un planazo que se repite como una ceremonia anual. También hay un público internacional fiel, más allá de los que se acercan a hacer negocios o a promocionar sus proyectos.

Esta semana en el limbo de ficción no implica un desembolso demasiado oneroso para el bolsillo medio europeo pero hay que estar dispuesto a gastarse un dinerito. El alquiler de un departamento para seis y ocho personas cuesta entre 500 y 1.000 euros los diez días y una noche de hotel tres estrellas oscila entre los 60  a los 160 euros día.  Comer no es complicado: el menú diario a base de los famosos pintxos o de los canapés de las fiestas y presentaciones que se pillen por el camino completan los gastos.

De glamour, creatividad y otras hierbas

Para terminar, si hablamos de la cuota de caché y glamour podemos decir que los organizadores cumplieron con el cometido y que la lista de famoseo estuvo discreta pero rendidora. Contaron para el comienzo con la presencia de Quentin Tarantino y del guaperas Brad Pitt que presentaron, fuera de concurso, su Malditos Bastardos. Fue un baño de multitudes para ver el seductor de Thelma y Louise y en su rueda de prensa está claro que hubo más cámaras que preguntas. Otros nombres prestigiosos también fueron cayendo durante la semana, cada uno para defender su terreno. Entre los mediáticos, Ang Lee, Robert Duvall, Chiara Mastroiani (sencillita, en mangas de camisa como si no fuera la hija de dos grandes), Naomi Watts (también en plan look anti-diva, dulce y lindísima casi sin maquillaje), Rodrigo García, Ian McKellen o Ricardo Darín (adorado por el público español, bromeando según costumbre y repartiendo besos y abrazos sin tacañería).

San Sebastián

También se dejaron ver Michael Winterbottom (pura simpatía) y Jim Jarmusch (¡esos labios!… qué bien le sienta la madurez…), ambos fans del festival y astutos vendedores que aprovecharon el tirón festivalero para presentar sus trabajos (The shock of doctrine y Out of control, respectivamente) fuera de concurso. Pero también convocaron Francois Ozon, Tom Dicillo (cool y atractivo como siempre), Bahman Ghobadi, Fernando Trueba, Juan José Campanella  y Alex de la Iglesia, ahora presidente de la Academia de Cine española.

De la “mishiadura” creativa, mejor no hablar. Una podría extenderse y pecar de soberbia así que dejo la referencia de las críticas a las crónicas de Carlos Boyero (diario El País)  y Claudio Mighetti (La Nación) con cuyas apreciaciones suelo coincidir y que han hecho un pormenorizado recuento de lo que aquí ha sucedido. La programación de la Competición Oficial ha sido digna pero convencional.  Historias que pintan atractivas pero que se diluyen en el camino; directores que apuntan maneras pero que se salvan por las interpretaciones de sus actores. Ya basta de quienes exprimen sus guiones para que duren dos horas y dos horas y media cuando en los primeros treinta minutos ya no tienen qué contar ni saben cómo. Los planos largos, los silencios eternos, la soledad de los personajes en la nada continúan azotando las pantallas sin demasiada sustancia detrás.

En la sección Zabaltegui /Perlas de otros festivales quienes quieren llegar de los primeros a las novedades antes de su estreno, pudieron ver los títulos premiados o con mayor acogida en citas anteriores como Desert Flower, de Sherry Horman, The imaginarium of Dr. Parnasus, de Terry William, Five minutes of Heaven, de Oliver Hirschbiegel  y Precious,  de Lee Daniels, grandes triunfadoras en Sundance o La cinta blanca,  de Michael Hanecke, Palma de Oro del Festival de Cannes. También vale la pena tener en cuenta a la coproducción mexicano española Norteado, Premio casa de América Cine en Construcción 14, firmada por el mexicano Rigoberto Perezcano, que competía en Zabaltegui – Nuevos directores.

Pero menos mal que también nos quedan la secciones Horizontes Latinos y Made in Spain que apuntan, al menos, a que otro cine es posible. Este año han sonado mucho las películas latinoamericanas a tal punto que en la agenda diaria de unos cuantos se obviaban títulos que luego podrían verse en las pantallas para privilegiar otros que pisan fuerte pero que, a pesar de eso, tal vez no tengan la oportunidad de una buena distribución. Es el caso de la chilena franco alemana Huacho, firmada por Alejandro Fernández Almendras,  de la hispano argentina La Pérdida, de Enrique Gabriel y Javier Angulo, un documental en torno al exilio argentino de los años 60 y 70, y de Sin nombre, del mexicano Cary Joji Fukunaga, premio al Mejor director y mejor fotografía ( Adriano Goldman) en el Festival de Sundance. Los premios a Gigante, del uruguayo  Adrián Biniez y a Francia, de Israel Adrián Caetano, confirman el interés y aprecio por este tipo de producciones.

El conjunto ha permitido ver buen ver cine aunque si el gran reclamo se supone viene de la programación podemos exigir un poco más. Queremos más de alegría para los ojos y el intelecto. No se trata de diversión ni de entretenimiento sino de golpes directos al corazón, a la cabeza, a las emociones, a las venas. San Sebastián puede evitar el cine pretencioso y vano, puede esquivar los productos comerciales y hurgar en las huellas de la mejor cosecha cinematográfica del año en donde no todo es negocio. Así que vaaale, renovamos la confianza y  hasta el año que viene.

Gloria Escribano