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Alcanzar las estrellas: la antología de cuentos latinos editada en La Habana

La noche es hermosa y desde la terraza del apartamento de Emmanuel Tornés Reyes se ven las estrellas. Con su habitual calidez y ese verbo criollísimo que lo caracteriza, Emmanuel ha accedido a conversar y compartir con los amigos lectores algunos secretos, mientras probamos un delicioso té. Por María Luisa García Moreno.

"Entre los poros y las estrellas"

"Entre los poros y las estrellas"

Tu debut como antologador con el libro Contar es un placer, que presentaste en la pasada Feria del Libro de La Habana 2008, dejó una estela de satisfacciones, tanto en lo que se refiere a los cuentistas cuyas obras la conforman como al público lector. ¿Pudieras ilustrar estos aspectos?

En efecto, esa estela fue múltiple, una alegría irradiada, compartida… Guardo con mucho aprecio, por la generosidad de sus palabras, los mensajes de entusiasmo y aliento que los creadores latinoamericanos y cubanos presentes en ella me enviaron desde distintos puntos del planeta y de la Isla en diversos momentos, tanto en los días en que preparaba el volumen como luego cuando ya lo tuvieron en sus manos. Aún sigo recibiendo sus notas y los lazos se han estrechado; en algunos casos, incluso, me envian sus libros más recientes, lo cual me resulta de suma utilidad como estudioso de las letras latinoamericanas. Es hermoso ver a autores de diecisiete naciones de Hispanoamérica abrazados de esa forma, algunos muy, pero muy conocidos en todo el orbe junto a otros de quienes se tiene menos información a escala internacional, pero igualmente valiosos. En ese sentido los propósitos más íntimos tantas veces hablados se han sobrepasado: en esa selección dialogan cuentos del posboom junto a otros de expansiones estéticas más cercanas a la actualidad; por otro lado, se presentan ficciones extensas, como el cuento “Pasión de historia” de la puertorriqueña Ana Lydia Vega, junto a proposiciones breves y brevísimas, como el minicuento de la mexicana Rosa Beltrán “Liberación femenina. Amor por los ideales”, en el cual, por cierto, puedes ver resuelto con excelencia un tema feminista desde una óptica bien compleja junto a una eficacia narrativa de primer orden; es un verdadero minicuento pues técnicamente se realiza “el cuento” y al mismo tiempo la dimensión poética que lo acerca a la poesía, es decir, el poder de sugerencia capaz de lanzarte de lo cotidiano a un nivel interpretativo menos visible, escaño que pudiéramos considerar desde el punto de vista gnoseológico y de la recepción como de segundo o tercer grado de intelección -resulta sugestivo ver cómo dos cuentos de cercanas intenciones temáticas y similares calidades como los nombrados se proyectan en cuerpos textuales de diferente extensión, entre esos dos polos estilísticos se mueve la cuentística contemporánea en nuestra América.

En Contar es un placer aparecen relatos de fuerte urdimbre realista, pero de un realismo otro, típico del posboom, donde la parodia, la ironía, la intertextualidad, la metaficción y la interculturalidad se alejan de aquel realismo lejano e ingenuo que creía reproducir la realidad olvidando la sabiduría creacionista de Huidobro; al lado de ese nuevo realismo se dan cita otros textos donde la realidad se desliza hacia lo fantástico, a veces desde una tesitura neurótica sumamente intrincada. En fin, creo que esos y otros aderezos contribuyeron al regocijo del que te hablaba.

Junto a esa experiencia está la de nuestros lectores, especialmente los jóvenes, los cuales han acogido con beneplácito, hasta donde sé, las referidas ficciones. Por ejemplo, aparte de los textos mencionados, otro que ha gustado mucho a los jóvenes -en realidad, la mayoría ha seducido, estoy citando solo los que ahora me vienen a la mente- es el cuento erótico “Chica fácil” de la argentina Cristina Civale, singular joyita donde el esmerado diseño de los personajes, la milimétrica progresión narrativa, la sobriedad y buen gusto del lenguaje -muy en la tradición rioplatense-, el exacto manejo del espacio y ese juego con el dato escondido, confirman hasta qué punto en literatura no hay nada viejo cuando se tiene talento, sensibilidad y verdadero dominio del arte de narrar. Tengo un amigo que se lo leyó a sus subordinados y todos se volvieron locos con ese cuento. En la Feria pasada, en Guantánamo, asistieron a la presentación de la obra -a cargo del narrador Risell Parra- un grupo numeroso de reclusos de la provincia, hecho cultural muy hermoso en sí mismo, y me dije -pues no había previsto ese público- debo, aparte de expresarles algunas ideas sobre este arte, materializarles lo que van a leer. Y tras unas breves palabras, les leí el minicuento de Rosa Beltrán y “Chica fácil”, de la Civale. Cuando terminé, los aplausos llovieron y todos se llevaron los libros, literalmente no alcanzaron. Lo mismo me ocurrió con los profesores de enseñanza media en Caimanera. Aquí en la capital a cada rato encuentro a amigos docentes que me dicen que los están empleando en sus clases, y los estudiantes que han logrado conseguirlo también lo están disfrutando mucho. Eso significa también la consecución de una de las aspiraciones esenciales previstas: favorecer el encuentro de los jóvenes con lo mejor de la cuentística hispanoamericana de entre siglos y proponerles una grata compañía: el placer de leer a plenitud.

¡Ah!, y debo decirte que algunos de esos cuentos han llamado la atención dentro del ámbito de la televisión con el fin de adaptarlos al medio, aspecto no previsto cuando lo proyecté. A mi modo de ver eso ha ocurrido porque esta cuentística tiene una gran capacidad dramática, un despliegue notorio de imágenes, un discurso, digamos, “mediático”, moldeable al medio, anécdotas de fuerza protagonizadas por personajes sólidos, por encuadres precisos. ¿Te imaginas lo provechoso que sería ver en la pantalla el cuento “De barro estamos hechos”, de Isabel Allende, el cual, además del conflicto social visible, tiene entre sus ejes temáticos el problema de los medios en la sociedad donde se desenvuelve su trama?

En fin, hay razones de sobra para las alegría, alegría debida también al equipo de la Casa Editora Abril y de las que ustedes, como mis estudiantes de la Universidad, forman parte. Desde luego, pudo ser una obra perfecta, pero es lo que pudimos hacer.

¿En qué medida este resultado viabilizó tu segunda antología, que se presenta el 24 de enero en el tradicional Sábado del Libro?

En su positividad, en su estrategia narratológica interna y en la coherencia que siempre proyecto con este tipo de obras. Me explico: Contar… me dejó ver algunas experiencias en la ideación y orfebrería de un concierto de narraciones, temas y registros. Pero trabajo también buscando direcciones temáticas que, para mí, están en el imaginario de nuestro tiempo y que tienen mucho que ver con la realidad de hoy, como es el asunto del comportamiento de la pareja afectiva: de la pareja heterosexual, bisexual, homosexual, lésbica y transexual, vistas, en primer lugar, en su perfil estético y narrativo, como fenómeno semántico-creativo. Pero, de manera análoga a Contar…, no quería sujetarme a una sola arista del proyecto; por lo general, acostumbro a ensanchar sus lindes, lo obligo a potenciarse en múltiples direcciones estéticas y cognitivas; de acuerdo con esto digo que el presente libro, además de su carácter “refrescante” dadas las peculiaridades individuales en el tratamiento ideoestético del tema, de la diversidad estilística que legitima su credibilidad, abre las puertas no solo a los lectores que están directamente relacionados con la literatura sino a otros de sectores intelectuales que pueden sentir placeres adicionales al estrictamente poético, me refiero a los sociólogos, psicólogos, sexólogos, pedagogos, demógrafos, economistas y hasta políticos.

Entre los poros y las estrellas -tal es el título que en esta oportunidad nos permite el reencuentro geométrico- se acerca a la cuestión de la pareja desde múltiples enfoques, condicionamientos, peculiaridades y honduras. Pero esa pareja se relaciona con otros focos temáticos de variados modos: unas veces originando ella su surgimiento, otras siendo ella objeto de condicionamientos extratextuales. Esto, como es lógico, amplía la connotatividad del texto, su polisemia y, por tanto, justifica la ampliación social de quienes pueden hallar en estas narraciones sitio de reflexión para sus respectivas esferas del saber.

También Contar… me proyectó hacia la búsqueda de una geografía, tanto en lo relativo a la policromía temática como literalmente, en cuanto a las regiones del país a tener presentes; no con la ambición de abarcar todos los escenarios, sino con el interés de alcanzar una muestra capaz de ilustrar cómo el cuento se aventura hoy en un tema tan importante en Cuba y en todos los puntos cardinales de la tierra, tema a la vez tan antiguo y universal como expreso en el prólogo del libro, pero quizá no tan inquietante como ahora por las circunstancias de nuestro tiempo, temperatura donde inciden hasta los serios fenómenos ecológicos que ya se están confrontando.

¿Qué tienen en común ambas selecciones y qué las diferencia?

"Contar es un placer"

"Contar es un placer"

Lo común puede colegirse de lo expresado anteriormente, pero también con respecto a la sensibilidad epocal que es compartida por las dos colecciones de cuentos. Diría que en gran medida prevalece una perspectiva de asumir el asunto desde la manera de pensar en la actualidad en Cuba y en el mundo; a ello se añade el hecho de ocuparse de esos conflictos con la carnalidad estética de nuestros días; el manejo del nuevo realismo, lo fantástico, la intertextualidad, la parodia, la ironía, etcétera.

Lo diferente estriba en que esta selección por sus objetivos se circunscribe a un tema general visto solo por autores cubanos, la mayoría residentes en la Isla. Otro detalle notorio es que aquí no fijé las edades entre los nacidos del cuarenta al setenta del pasado siglo como hice en Contar, sino que incluí a escritores nacidos desde los años treinta hasta los ochenta, pero cuyas sensibilidades laten al ritmo de nuestro tiempo.

También diferente es no haberla organizado por edades como aquella, sino asumiendo una intención temática y narratológica; por ejemplo, en Entre los poros… voy de los cuentos de textura realista a los fantásticos con las mediaciones de las zonas de incertidumbre en el punto de vista del nivel de realidad y la presencia de la ciencia y la técnica. En fin realizo una trama interna quizá de mayor densidad que en Contar...

Es más, te confieso un secreto: de cierto modo la planeé como una ficción, es el supracuento con el que trato de estar presente, una especie de cuento de cuentos, de proyección virtual en la que pongo en práctica lo que Gérard Genette denominó la architextualidad, un homenaje intertextual a todos estos amigos y finos narradores, tal como en una exploración más concreta y luminosa lo hace Gina Picard -ganadora del premio “Alejo Carpentier” 2008- en su cuento “Serata di Gala” al provocar la llama doble, una penetración explosiva en El acoso, de Alejo Carpentier.

Otro elemento común es el título, en el sentido de que en ambos libros has recurrido a frases célebres… ¿Pudieras explicar a quiénes tomas como referente y por qué?

Bueno, sí, son frases en cierto modo célebres. La primera, Contar es un placer, partió de una parodia, de una inversión -en el sentido posmoderno que le da Linda Hutcheon al juego paródico- de aquella canción que cantó Sarita Montiel, no recuerdo ahora si fue en la cinta El último cuplé, en la que, saboreando un cigarrillo, decía aquello de “fumar es un placer”. Entonces me dije: esa es a fin de cuentas la misma experiencia de quien escribe, porque el acto de contar representa un goce inmenso e inseparable -a pesar de todas las angustias que pueda entrañar a veces ese misterioso periplo, como en el cuento de Mempo Giardinelli (”Sueño del exiliado”) que está en Contar, una terrible ficción… peor que despertarse y hallar al lado un dinosaurio- de quien lo ejecuta, y que, al mismo tiempo, constituye, en ese juego especular, su primer y más solitario lector. Asimismo juega con quienes al leer se cuentan y reescriben mentalmente el relato con cercana fruición -este es otro misterio, el efecto de la escritura en el otro- a la del autor.

Entre los poros y las estrellas proviene de un escenario más sofisticado, de una entrevista que le hicieron a Lezama Lima hace casi cuatro décadas y en la cual él realizó una serie de reflexiones sobre su novela Paradiso, la poesía y la literatura en general. Allí dijo, con su ingenio impar, lo que siempre a mí me pareció que sería el título de uno de mis libros: “Las atracciones entre los seres y las cosas jamás se producen entre un poro y otro poro, sino entre los poros y las estrellas”. Bella y propositiva expresión. El superobjetivo del libro apunta en sus múltiples fragmentos textuales a esa meta.

¿Cuáles son tus expectativas con este nuevo libro?

Ante todo que los lectores disfruten de las narraciones como literatura y a la par mediten acerca de las inquietudes que estas desarrollan imaginariamente. Ese es el objetivo principal; pero como ya dije, las posibilidades se multiplican en correspondencia con los grupos de lectores a los que toca de una u otra manera. ¡Claro!, al tener como punto central el asunto de la dinámica de la pareja en los tiempos que corren, el libro desea principalmente acercarnos a ese universo semántico, humano… Y abarca solo una porción de temas pues la escala es vastísima, pero al menos es un punto de partida, por cierto iniciado también en Contar, donde hay no pocos cuentos sobre la pareja en la dimensión hispanoamericana, tema que aquí examinamos con mayor proximidad desde todos los puntos de vista. Hay disímiles matices y experiencias.

Otra propuesta para disfrutar a plenitud es la ilustración de cubierta, debida a un hermoso cuadro del excelente pintor cubano Ernesto García Peña.

¿En qué estás trabajando y qué planes tienes para un futuro próximo?

De nuevo trabajo en varias direcciones; por un lado, estoy retocando un libro más vasto sobre la ficción del posboom y otros en torno a la literatura cubana de diferentes etapas (todos concluidos). Al mismo tiempo estoy terminando uno que lleva por título Con los ojos de Heráclito. Estudios sobre literatura chilena que, como es fácil imaginar, quise tener listo para esta Feria 2009, pero no me alcanzaron las horas y lo importante es que concluya como debe ser, con la calidad necesaria. En él aparecerá, dicho sea de paso, una entrevista inédita que hice a Isabel Allende en 1987 y que conservo desde entonces.

También elaboro otras colecciones de relatos, a las cuales solo debo, por ahora, hacer alusión. Y tengo otros proyectos y trabajos escriturarios, aparte de la labor investigativa y la docencia universitaria que tanto me apasionan igualmente.

La noche continúa hermosa y llenita de estrellas cuando Emmanuel y yo concluimos este diálogo acerca de dos libros: uno que ya es un éxito desde todos los puntos de vista y otro que, sin dudas, nos llenará de igual regocijo, porque Entre los poros y las estrellas es uno de esos libros que usted no debe dejar de leer. Se lo aseguro.