Buscar | Gabriel Orozco: Mis manos son mi corazón |
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| sábado, 24 de febrero de 2007 | |||
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![]() El conocido autorretrato de Gabriel Orozco titulado Mis manos son mi corazón-torso desnudo, manos cerradas sobre el pecho y luego abiertas en torno a un corazón de barro, dedos impresos sobre la roja materia- me lleva siempre a un lugar específico: Cholula, la ciudad de las 300 iglesias donde el artista inglés Anthony Gormley (1948) coció multitud de piezas de barro en los hornos de ladrillos que su joven asistente de entonces, Gabriel Orozco, le consiguió entre los artesanos de la ciudad. Doce o 14 años atrás, un grupo de artistas, críticos y periodistas fuimos invitados a conocer la nueva obra "mexicana" de Gormley. Al entrar a la pequeña construcción de adobe, una multitud nos sorprendió, de pie, mirando hacia la puerta, totalmente indiferente a nuestra presencia: un ejército de diminutos homúnculos, bultos de barro rojizo cuyos rostros y cuerpos estaban formados con una buena dosis de indefinición. Durante años me he encontrado, aquí y allá, las fotografías de las instalaciones que hizo Gormley, en Europa y América, con estas figuras hechas en México. Siempre me devuelven a aquel rojizo atardecer decembrino, cuando, al entrar distraída aun cuarto cualquiera en un pueblo mexicano cualquiera, tuve la sensación de estar frente a una doliente Humanidad preguntando mudamente "Caín, ¿dónde está tu hermano?" Sí, una Humanidad anterior a las multitudes de seres en masa atravesando a diario -indiferentes, anónimos, ciegos de prisa-, los grandes espacios subterráneos del metro londinense, del metro del Distrito Federal, de los subways urbanos de cualquier gran ciudad. Digo, pues: Mis manos son mi corazón conduce invariablemente mi memoria a estas figuras antropomorfas que aquella noche de domingo nos acompañaron-cada visitante pudo elegir y llevarse una o dos a manera de regalo- durante la procesión de los Santos Peregrinos a la que fuimos conducidos por la gente del pueblo. Los amigos con quienes viajé a esta ciudad -el dramaturgo Juan José Gurrola, la crítica inglesa Lorna Scott Fox y la pintora Gabriela Gutiérrez, entre otros-, quedaron detenidos en el tiempo gracias a una polaroid donde todos están llevando en andas al Niño Jesús por las calles de Cholula, cada cual con su respectivo homúnculo depositado en algún lugar del saco o de la bolsa.
El Gran Gombrich entrevista humildemente al joven Gormley La relación de todo esto con la obra de Gabriel Orozco fue aún más evidente en 2004 cuando encontré, en una atestada librería de Londres, un volumen donde un humilde E.H. Gombrich (¿cuándo aprenderán la humildad algunos de nuestros entes pensantes de México?) entrevista al joven y consagrado Anthony Gormley. De pie -leyendo con una especie de fervor ateo las reflexiones de Gombrich sobre lo espiritual y los ángeles en la obra de Gormley-, de pie, pues, leyendo unas cuantas palabras de este artista sobre su amor al barro, "en él se imprimen las huellas del hombre", volví a Cholula, a la vívida imagen del rojo y estrujado corazón óseo de Gabriel Orozco. Hoy, mientras escribo estas líneas, encuentro una frase suya que completa tales impresiones: "La obra Mis manos son mi corazón está influida por un taller de barro para hacer ladrillos", dice Orozco a un crítico estadounidense, "una materia tan orgánica que se transforma en rectángulos y de una manera bastante artesanal… Cuando menos en México, en este taller",según se lee en Textos sobre la obra de Gabriel Orozco, publicado en 2005 por Turner y Conaculta, con textos de Daniel Bimbaum, Francesco Bonami, Guy Brett, Benjamín D. GH. Buchloh, JeanFischer, Mark Haworth-Booth, James Lingwood, Molly Nesbit, Ann Temkin y HansUlrico Obrist. En el prólogo de este libro, Pablo Soler Frost -escritor nacido en 1965- hace una afirmación sugestiva aunque dudo que Orozco haya trabajado con esta premisa: "Lo que más me sorprende de algunas piezas […] es que muestran, sin querer, la sagrada regularidad del cosmos: de ellas surge una imagen del orden anterior a nosotros mismos […] El dictum bíblico: ´Polvo eres y en polvo te convertirás´, aparece también en estos paisajes de nuestra erosión". No sé si concuerdo con Soler Frost, sólo sé que me gusta mirar así la obra de GO. Esta recopilación de ensayos y entrevistas, escritos entre 1993 y 2004, era necesaria para México, el lugar donde el artista ha provocado más polémica. Su sorpresiva internacionalización en los 90 lo convirtió en objeto de ciegas admiraciones pero también de apasionadas enemistades artísticas en su propio país, de donde salió en 1992 hacia Nueva York, casi ignorado, para realizar su obra nómada con una gran economía de recursos en todo tipo de espacios públicos y privados. Como se dice en la contraportada del volumen, "cruzar entre charcos con su bicicleta, soplar su aliento sobre un piano, pasear en motocicleta hasta encontrarse con otra idéntica y desordenar supermercados es parte de su oficio para transformar el paisaje artístico que lo rodea".
De especial interés, por mostrar la evolución en su pensamiento artístico, resultan las cuatro largas conversaciones sostenidas entre 1998 y 2004 con Buchloh, profesor de Teoría Crítica y Arte Contemporáneo en la City University of New York (en una de ellas estuvo Molly Nesbit, editora de Artforum). Sinteticemos, pues, en versión libre y para cerrar esta nota, algunas declaraciones de un artista considerado por algunos como uno de los pocos que ha comprendido a Marcel Duchamp. LOS COMIENZOS LA FOTOGRAFÍA EL ESPACIO LA ESCULTURA EL POLVO Y LA PELUSA LA MATERIA Y EL ÁRBOL EL CUERPO READYMADE EL VACÍO Publicado en Fahrenheit. ArteContemporáneo, Agosto - Septiembre2005. |
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