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52ª Bienal de Venecia: los siglos se saludan

Por Soledad Steinberg

Bienal de Venecia

Bienal de Venecia

“El arte contemporáneo no tiene un alegato en contra del pasado, no tiene sentido que el pasado sea algo de lo cual haya que liberarse, no tiene sentido aún cuando sea absolutamente diferente como el arte del arte moderno en general. Parte de lo que define el arte contemporáneo es que el arte del pasado está disponible para el uso que los artistas le quieran dar. Lo que no está disponible es el espíritu en el cual fue creado ese arte”. La mayoría de los encuentros de arte y entre el arte son gloriosos, mucho más si se habla de pesos pesados. Ese párrafo, extraído del libro “Después del fin del arte”, cuya autoría pertenece a Arthur Danto, da pie para pensar de antemano lo que posiblemente sucederá cuando la obra de Guillermo Kuitca se encuentre en el Ateneo Veneto, un edificio construido por el manierista Alessandro Vittoria, en el Campo San Fantin (próximo al Teatro de la Fenice) donde estarán colgadas las pinturas del artista argentino dentro de la edición 52ª de la Bienal de Venecia. Presente y pasado, siglo XVI y XXI enroscados en un collage de tiempo, forma, espacio y estilo.

La noticia de que Kiutca era “el elegido” había trascendido de la mano del “radiopasillo artístico” mucho antes que lo anunciaran de manera oficial en el Palacio San Martín. Una vez formalizada la comunicación en el Ministerio de Relaciones Exteriores, ya no quedaban dudas: representaría a la Argentina en uno de los eventos artísticos más importante del mundo. “La bienal de Venecia es una bienal muy vieja, tiene más de cien años y está organizada a través de pabellones nacionales. Es una especie de gran exposición con anexos que son pequeños edificios donde se exhibe el arte de cada país. Argentina no tiene pabellón. Todos los años que participa, y ha participado en casi todas las ediciones, tiene que conseguir uno, fuera de ese concepto”, contaba Inés Katzenstein, actual curadora del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y encargada de realizar esta misma tarea con Kiutca en Italia. Y agregaba: “El espacio de este año es el Aula Magna de un edificio Manierista que se llama Ateneo Véneto que queda en un lugar muy central de Venecia y tiene mucha pintura, mármol, muy cargado, desde un punto de vista simbólico y visual. O sea que en ese sentido, fue un desafío pensar cómo realizar una exposición de un artista contemporáneo en un espacio tan rico”.

El hecho de que Kuitca haya sido correspondido con semejante invitación (codiciada por cantidad de artistas) no es casual. Se dice que la decisión fue tomada entre la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina y el teórico Robert Storr que, de paso por Buenos Aires en julio pasado y en plena búsqueda de talento, recorrió galerías y talleres, hasta que le dio en el blanco (en su blanco, por supuesto). Katzenstein, que además de desempeñarse en el MALBA es parte del consejo asesor de la revista Otra Parte, remarcó las razones por las que considera que este artista de 45 años, merece tal oportunidad: “Creo que Kuitca es un caso muy particular y único porque fue el primero en tener una dimensión internacional tan fuerte, más que nada a fines de los 80 y principios de los 90. En ese sentido es un modelo especial, pero también es especial por otros motivos, no por su internacionalismo. Por un lado, la consistencia de su trabajo y por otro, por lo que hizo en Argentina, con su tarea docente. Digamos que Guillermo es central en todo el arte contemporáneo argentino, y no solamente por su repercusión en el exterior o por su obra específicamente si no, de manera muy marcada, por el modo en que su figura es, diría, la más importante dentro de la docencia, por lo menos para mí”. Este mundialismo que se habla de Kuitca tiene que ver con que su obra pertenezca a las colecciones públicas y privadas más prestigiosas del mundo entero, como las del Metropolitan Museum y Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, Tate Modern de Londres, Stedelijk Museum de Ámsterdam, Hirshhorn Museum and Sculpture Garden de Washington, Fundación La Caixa de Barcelona, Museo Reina Sofía de Madrid y Nacional Gallery of Victoria, Melbourne.

La actualidad artística local parece estar gozando del lugar preponderante que ocupa. Sobra oferta, variedad y calidad. Existe cierto mercado externo e interno (con sus bemoles) y una demanda in crescendo. Seguramente gran parte de todo eso sea la capacidad productora de sus creadores que, en situaciones de crisis extremas como la de los últimos años y en períodos más amables, consiguen representarse, postular sus ideas o valores, emprender investigaciones, afianzar técnicas sin importar que los materiales escaseen o la venta no se concrete. Y esta característica, definitivamente, no abunda por otras latitudes. “Por un lado -señalaba Katzenstein- es importante decir que la escena de Buenos Aires es muy vibrante, efervescente y dinámica, tanto desde el punto de vista de la producción artística de las exposiciones, el movimiento, el intercambio de ideas. Eso es muy estimulante”. Quizás uno de los paradigmas de lo contemporáneo sea el collage en donde se vive. El planeta entero es una gran pegatina de diferentes modos de vivir el tiempo, dar la forma, ocupar algún espacio y, definitivamente, elegir el estilo. Y el abrazo de arte entre siglos de Venecia, será otra manifestación de este ejemplo.