El guionista más ‘rarito’ de Hollywood se estrena como director con ‘Sinécdoque, Nueva York’. Todavía sin fecha de estreno en América Latina pero sí conseguible en videoclubs de culto, en EEUU ya recoge premios. Por Jordi Minguell.

Charlie Kaufman
El guión de ‘Cómo ser John Malkovich’ le puso en el mapa. Varios éxitos y un Oscar después, Charlie Kaufman dirige una historia propia en Sinécdoque, Nueva York. Una película protagonizada por Philip Seymour Hoffman que retrata a un escritor en crisis dedicado a crear una obra de teatro sobre su cotidianidad a tamaño natural. Un fascinante juego de espejos donde realidad y ficción se confunden para hablar sobre el arte como sinécdoque o, más llanamente, sobre cómo dar algún sentido a nuestras vidas.
Parece que tus películas, en vez de ser creadas para ser vistas, lo están para ser leídas.
CK: Sí. Para mí una película es algo con lo que tienes que interactuar. El público tendría que dejar que le pasara lo que a los personajes de la película les está ocurriendo.
Entonces, ¿crees que es algo normal que la gente quede un tanto aturdida al final de una de tus historias?
CK: Ésa es la primera reacción aunque, con el paso de los días, esa misma reacción se va transformando en una reflexión. Como un virus que se mete en tu sistema.

Kaufman dirige a Philip Seymour Hoffman
¿Y qué parte de nuestro sistema te gustaría que infectase ese virus?
CK: Espera, que no quiero que sea algo negativo. Date cuenta que algo así siempre pasa cuando haces una película. Pones algo en el cerebro de la gente, que lo altera, que crea un recuerdo.
Entonces, ¿cómo afecta el virus Sinécdoque, Nueva York?
CK: Esta película creo que profundiza, o te hace reflexionar, acerca de los pensamientos que tienes sobre cómo vives tu propia vida. Creo que es algo muy positivo.
Federico García Lorca, al que mencionas en la película, decía que el teatro tenía que ser poético pero también realista. ¿Se ajusta esa idea a tu nueva película?
CK: Sí. Creo que algo no puede ser poético si no es real de ninguna manera. Emily Dickinson decía que un poema te tenía que helar la espina dorsal. Eso es algo que todo artista busca. Una conexión visceral con el lector o con el público.
En la película, el personaje principal quiere crear la obra de arte total, la más grande posible, pero también la más personal. ¿Eso algo con lo que te identificas?
CK: El objetivo en la vida sería hacer tan sólo un gesto auténtico. Me gusta pensar que nunca he hecho algo así, pero que me encantaría hacerlo. Creo que ése es el objetivo: hacer algo verdadero y, cada cosa que haga, que sea lo más cercano a la verdad.
Mientras que el personaje principal se sumerge en su aventura creadora, la ciudad de Nueva York se hunde en un caos de violencia y destrucción. ¿Alguna similitud con la realidad?
CK: Sí. Creo que camino sobre arenas movedizas. Creo que hay un aire muy extraño que está soplando por el mundo, que nos ofusca continuamente y que nos hace muy difícil ver a través de las cosas.

Philip Seymour Hoffman en "Sinécdoque, Nueva York"
Tu siguiente guión tratará sobre la inocencia. Después de centrarte en lo que supone el proceso de creación artística, ¿qué te ha llevado a ello?
CK: Estamos tan determinados en nuestras vidas por factores externos, que creo que es interesante plantearse qué es lo que nos queda debajo de todo eso, detrás de la tortura de la existencia. Quiero saber qué es lo básico que nos queda cuando se nos quita toda esa humillación diaria a la que estamos sometidos.
Una persona tan introvertida como tú, ¿cómo lleva la atención que recibe?
CK: Es difícil. Hay momentos que lo disfruto, pero hay momentos que me desespero. Es raro no parar de hablar de un tema que consideras terminado… Pero intento hacerlo de la manera más íntegra posible.
Trailer de “Sinedocque, New York”, opera prima de Kaufman