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Crónica de un encuentro con Arturo Ripstein

Por María Soledad Steimberg

Arturo Ripstein

Arturo Ripstein

Arturo Ripstein estuvo en Argentina en agosto invitado por una escuela de cine para hablar de su trayectoria. Pero los caminos se bifurcaron y lo que pretendía ser una lección académica terminó por ser una enseñanza de cómo él vive su vida a través de sus películas y las películas a través de él.

Estaban en rodaje. Cámaras en foco, asistentes atentos, luces alineadas, actores erguidos y memorizados. Era la filmación de Tiempo de Morir (1965), la película con la que debutó como director de cine a los 21 años. El guión había sido escrito por Gabriel García Márquez y era justamente él quién estaba a su lado cuando Arturo Ripstein le susurró:

-”¿Dónde pongo la cámara?”

Fue entonces cuando recibió una de esas respuestas que de tan obvias, duelen:

-”¡Donde quieras que se vea!”

Más de cuarenta años después, en una Clase Magistral -que se encargó de aclarar que prefiere sea un diálogo- Ripstein reconoció que ése fue el mejor consejo que le dieron en su vida.

La cita fue en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), dentro del ciclo “Diálogo con los notables del cine mundial”. A sala llena, los jóvenes estudiantes apuntaban en sus libretas todo aquello que podría servir como enseñanza. Pero Ripstein insistía en tener una charla, como una tarde entre amigos y contar chismes, novedades, intercambiar opiniones.

Cualquier texto que se busque con información suya, con su biografía, no tiene comparación con escucharlo hablar de sí mismo. Se lo oye decir frases memorables como: “ser hijo del productor era, por necesidad, ser imbécil”, “le toqué la puerta a Buñuel porque quería ser director de cine y él me cerró la puerta en la cara. Al rato la abrió, me sentó y me empezó a pasar películas, mientras me marcaba aciertos y errores”. Sin dudas el director aragonés fue su disparador, su puerta de entrada a la cinefilia, porque logró hacerle entender que tenía que realizar las películas que tuviese en el corazón, que debía creer en su cuento, intentar y no traicionarse nunca.

Características de director

Ripstein se zambulló temprano al universo cinematográfico, apenas pasados los 20. Este acontecimiento fue sin dudas una situación extraordinaria para el México de la época, simple y llanamente porque no se usaban los directores tan jóvenes. “El cine es un arte de colaboración… ¡siempre y cuando todos colaboren conmigo!”, estallaba en risas durante la charla. Con este tipo de bromas verídicas, dejaba ver cada tres segundos su personalidad cómica pero firme, daba a entender que era un inexperto con frases del tipo “no tengo la más remota idea como se hace cine”, aunque se sabe que su obra fue y será premiada en el mundo entero.

La filmografía de Ripstein cuenta con ciertas características que algunos le critican, pero otros no dejan de admirarlas y elogiarlas. Unas de ellas pueden ser sus imágenes sombrías y climas depresivos, opacos, inquietantes. Pero también se destacan sus reconocidos planos secuencia:

Pregunta del auditorio: “¿Porqué usa tanto los planos secuencia?”

Y Ripstein contesta: “Porque últimamente ya no siento que pueda ver las películas, por el montaje. Me metí en el cine porque me gustaba ver. Y es justamente por eso que adoro los planos secuencia, porque me dejan ver. Es que los encuentro fáciles y divertidísimos…”

Y todos los presentes reclamaban más detalles, secretos, recetas de cómo lo logra. El auditorio parecía hipnotizado, tan atento a cada palabra, cada frase, casi queriendo descubrir el método del éxito. Mientras tanto, el director parecía boicotear las intenciones de los alumnos.

De repente, ese mismo director de cine subrayaba: “Nunca fui a una escuela, aprendí como pude y cada película para mi es como la primera. Estoy seguro de tener 27 óperas primas”, hablaba de su labor, de lo que significa hoy ser cineasta, de su gran inquietud con respecto de que en Argentina haya 14.000 futuros profesionales del cine. “¡Es una locura!”, detonaba.

Con aspecto dulce como abuelito de mazapán pero bañado de sarcasmo e ironía, Ripstein enseñó como lo hacen los buenos educadores, sin que sus alumnos se den cuenta de que están aprendiendo: “Si lo que quieren es filmar en inglés, ir a Hollywood, llevarse todo el dinero y tirársele a la actriz, pues bien, eso no sucede. El que se queda con la actriz es el camarógrafo”.

Irreal realidad

Y si, en un momento la cosa se tuvo que poner seria. Hablando del México natal, de su relación con temas sociales y la manera en que los reproducía en la pantalla grande, Ripstein afirmaba constantemente que su fuente de investigación no es más que lo que se vive en su país. “Mi surrealismo no es surrealista. Vivo en un país donde si buscas surrealismo, lo encuentras. México es sin dudas el país más absurdo del mundo.” A pesar de perseguir zonas marginales, historias controvertidas y solitarias, con problemáticas cáusticas, este fanático de los documentales pronto tiró la bomba: “Yo creo que el cine no sirve para nada. Nunca ha curado un resfrío, van a ver que terminará siendo antropológico. Pero más allá de eso… ¿una vanidad?, ¿un compromiso? ¡Nada de eso! El cine no puede ser más de lo que es. Pertenezco a una generación que quería cambiar el mundo y a esta altura se que lo único que puede hacer uno es lo mejor posible”.

Consecuente con sus opiniones, a los 16 años Ripstein hizo un documental sobre el día de los muertos en México. Dice que ahí nació una de sus grandes pasiones: los documentales. “Hay dos tipos: los controlados, es decir aquellos del tipo ‘como se hace este vaso’, se filma el paso a paso y se ilustra. Pero mis preferidos son esos descontrolados: los encuentran un tema y ponen una cámara delante”

Un recorrido por temas de todos colores e infinidad de formas, se lo vio alegre, despierto y enérgico. Con ganas de más y mucho. Se lo encontró lúdico, franco y comunicativo. Y se notaba que su relación con la Argentina sigue intacta.

Última pregunta del auditorio: “¿Qué hay que ver de Ripstein?”

Respuesta del director: “¡¡Déjenme terminar mi disertación con dignidad!!”