Por Cristina Civale
El video como resistencia, imágenes personales que intentan traducir desde el arte la presión contra el mainstream mediático, contando la realidad que este deja por fuera. Imágenes que narran en primera persona y se despegan de las fabricadas, preparadas como una hamburguesa o algún otro insumo de fast food. Todo esto es Videoarde, la muestra sin fin de 32 videos curados por Laura Baigorri y realizados por videastas de América Latina: México, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Puerto Rico, República Dominicana, Cuba, Ecuador, Bolivia Venezuela, Colombia, Perú, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Estados Unidos y Argentina y un país invitado: España.
Estos videos de corta duración, expuestos en una de las salas del Centro Cultural Moca en Buenos Aires y que cuentan con el patrocinio del Centro Cultural de España en Buenos Aires, se suceden sin solución de continuidad en un programa de dos horas y fuerzan al receptor a aguzar la mirada para descifrar su propuesta: insertarse en el campo de la mediación y transformación del espacio social, a veces mostrando modos de afrontar la cotidianeidad y otras invitando a reflexionar sobre aspectos más críticos -autóctonos o globales- que suceden en los distintos territorios de Latinoamérica y el Caribe.
Las obras se suceden en tres programas. Espacio Vital es uno de ellos. En este programa el protagonista es el espacio: arquitectónico y urbanístico; territorial y de frontera. La paraguaya Valentina Serrati o el costarricense Christian Bermúdez, por ejemplo, en su videos Celeste y Estimados vecinos respectivamente, dan cuenta de los movimientos migratorios, de un país a otro y de los desplazamientos internos que suceden hacia las zonas prósperas de la ciudades desde los focos más desfavorecidos o directamente arrancados del mapa.
En el mismo programa se insertan cuestionamientos sobre el mercado del arte y la ubicación muchas veces periférica que dentro de él encuentran las obras latinas. Cuál es el espacio vital del arte latino, parecería ser la pregunta que dispara este programa. Tratan de arribar a una respuesta las obras del uruguayo, residente en Madrid, Martín Sastre (siempre con su tono ya legendariamente paródico) y del peruano Diego Lama, The iberoamerican Legend y No Latin Party, respectivamente, ambas con nombres originales en inglés, casi como un gesto desesperado desde el propio título de insertarse en el mismo mainstream al que supuestamente cuestionan.
En el programa A mi manera, lecciones de supervivencia local el tono testimonial es protagonista. El retrato y la entrevista son el eje sobre el que giran las obras que a su vez se desglosan en dos microprogramas: Pantalla y Comunidades. Destacan en el primero las obras de los ecuatorianos Valeria Andrade y Pedro Cagigal incluidas en las serie llamada “prácticas suicidas” donde, a través del trabajo La torera, la vida y la muerte corren con el mismo vértigo de pasión y despojo: un chica vestida de torera desafía la locura del tráfico urbano, casi como cualquier transeúnte.
El segundo microprograma tiene su estrella en lo que se conoce como un clásico del cine experimental de Colombia, Agarrando pueblo, Los vampiros de la miseria, una obra que ya tiene 30 años -la única de toda la programación realizada en el siglo pasado- y que sobrevive en el tiempo gracias a la incisiva mirada de sus creadores, Luis Ospina y Carlos Manolo. Aquí el consumo de imágenes de la miseria con fines estrictamente comerciales, los vampiros del título, hacen que estos cineastas de Cali sean considerados los pioneros en denunciar la pornomiseria. En Videoarde es todo muy serio pero el humor no deja de estar presente a través de la crítica despiadada y mordaz. Vampiros… quizá sea su ejemplo mejor logrado.
Por último las obras englobadas en el programa Hombres, Lobos y hombres parecen intentar dilucidar si el hombre finalmente es o no el lobo del hombre.
Las imágenes de los mercados-basureros donde se busca cualquier objeto útil en una cámara lentísima por personas que tienen urgencia en La lógica de la supervivencia de la argentina Gabriela Golder o la muy lograda 11 de septiembre de la chilena Claudia Aravena, donde dos onces de septiembres se unen en la palabra “atentando”: las Torrres Gemelas y el Palacio de Moneda.
Es difícil en Buenos Aires encontrar una programación tan variada y de data reciente -la mayoría de las obras están fechadas en los últimos tres años- que abarque a artistas de todo el continente. Un programa que exige esfuerzo y compromiso en la mirada. Un requisito poco habitual pero que quizá vale la pena intentar ejercer, allí donde las imágenes hablan distinto que en la tele.
Videoarde
Centro Cultural Moca
Montes de Oca 169
Hasta el 16 de agosto
De miércoles a domingo de 12 a 21
Organizan CCEBA/AECID y Centro Cultural Moca
Gratis