Basta tomar cualquier transporte público o encender la TV para comprobar que vivimos una época que acerca cada vez más los glúteos y las caras, al menos en lo que a expresividad se refiere. Contra eso, contra la mala onda y el aislamiento, escribe Franco “Bifo” Berardi, este italiano que da clases en Bologna. En esta entrevista habla sobre la comunicación, los medios y la regulación de los mismos.
-Usted ha dicho que más que sumar voces, de lo que se trata en este momento es de dar espacios para poder escuchar con tranquilidad. Ofrecer tiempos para librarse de la saturación de mensajes…
-Efectivamente. Eso excede el tema de una ley y pasa a ser un objetivo social a largo plazo. Es un problema que involucra un replanteo de la política del trabajo, el tiempo libre, el enfoque que se le da a la educación, etc. No obstante, en Argentina ustedes tienen experiencias increíbles que pueden servir de guía. La escuela Creciendo Juntos, de Moreno, sin ir más lejos, es una cooperativa de padres y docentes en la que yo he visto cómo se propone otra relación entre la vida del barrio y la escuela y entre el estudio y la recreación…
- …¿Y cómo es eso de que “el capitalismo es una fábrica de infelicidad”?
-Pasa que en la actualidad, el ciclo de producción mediática del pánico produce una política de la agresión y el temor, que a su vez se retroalimentan. Vuelvo a lo que nos pasa aquí en Italia. Hoy, mis compatriotas se creen que son ricos, y como todos los pobres que consiguieron un billete, tienen un miedo terrible a que alguien venga a quitarles lo conseguido. ¿Qué hacen los políticos, la tele y las radios? En lugar de favorecer una relación tranquila y de diálogo con los inmigrantes -de los cuales tenemos necesidad económica-, tanto la izquierda como la derecha se han esforzado para incrementar la xenofobia. “Seguridad”, “control inmigratorio”: palabras como ésa han colonizado la política en casi todos los espectros. Motorizadas, justamente, por el pánico. La última gran idea del gobierno ha sido sacar el ejército a las calles. Tres mil tipos de verde ahí afuera no cambian nada. Sin embargo, sí dan una percepción. Son un mensaje: “Hay soldados en la calle, la situación debe ser terriblemente grave”.
Berardi cree que hay que empezar a decodificar esos discursos tramposos y proteger los ámbitos de “comunicación espontánea no oficial” porque pueden ser “cantera de críticas inteligentes y flujos de información alternativos”. “Los medios comunitarios -estima- son una forma indispensable para garantizar que sectores distintos se relacionen en paz, sin ser utilizados por intereses particulares.”
-Usted se ha interesado por las formas de expresión “independientes”. ¿Hay alguna manera en que una normativa oficial proteja la presencia de estas “estéticas autónomas”?
-No pueden ser objeto de una “promoción” legislativa directa, precisamente porque son independientes. En cambio, los espacios en los que tienden a emerger sí pueden ser protegidos. ¿Y qué es, después de todo, una “estética autónoma”? Significa una reactivación de la sensibilidad. Esto es muy importante, porque la sensibilidad es la capacidad de entender lo que los otros son y tal vez no pueden decir, o no estamos preparados para entender con palabras. Es algo que trasciende lo dicho. Cuando lo que se muestra es todo igual, comercial y homogeneizado, el organismo social se insensibiliza. Y ahí nos volvemos gente que sólo es capaz de entender conceptos como la inflación, los spots publicitarios: únicamente los signos del dinero y el poder. Como resultado, una porción mayor de la vida social se va confinando a un rincón en sombras, que produce temor. Una estética con conciencia histórica es un ejercicio de rescate de lo que no puede verse. Y hay que luchar por que se alienten los ámbitos donde crecen esos intentos.
-Teniendo en cuenta que una ley está hecha para durar unos cuantos años y que las tecnologías abren un panorama no previsible, ¿en función de qué sujeto histórico habría que pensar los proyectos a futuro?
-Yo creo que cuando nos movilizamos para democratizar espacios, para que nuestras acciones sean más fuertes siempre tenemos que tener en mente a la generación que no es aún visible en el territorio de la política. Me refiero a estos adolescentes que estamos dejando enterrar bajo una montaña de basura publicitaria, lingüística y emocional. Hay demasiados mensajes volando por ahí como para que alguien pueda procesarlos racionalmente, y menos si está en plena formación. Es indispensable pensar sobre todo en ellos.
-Mmm… complicado decirle a un adolescente que se desenchufe de la compu…
-Quizá. Ahora bien: una ley puede desestimular la soledad. Por ejemplo, favoreciendo explícitamente las formas de vincularse que no vienen impuestas por los demás sino por la vida cotidiana de los propios jóvenes. Ahí el Estado y la ley tienen un instrumento muy fuerte a través de la escuela. Los colegios necesitan más que nunca ser espacios de interacción social, de experimentación y de autoeducación. El gran peligro es que toda esta maquinaria infinita de voces nos gane de mano y que las nuevas generaciones queden anuladas por no haber podido producir sus propias formas de expresarse.
Extracto de la entrevista de Fernando García.