Dueña de una elegante simpatía, Berta Sichel es, desde hace nueve años, directora del Departamento de Audiovisuales del Museo Reina Sofía. Cuando le propusieron el desafío cuenta que no dudó: viajó sin escala de Nueva York a Madrid para dedicarse de lleno a la colección que incrementó a ritmo vertiginoso. Por Marina Oybin.
Sichel llegó a Buenos Aires para integrar el jurado de los premios de Arte y Tecnología de la Fundación Telefónica en abril de 2009 y para dar una charla sobre el cine en los museos, en la Fundación Proa. En la terraza del museo, de cara al río en la tarde gris, la especialista en medios audiovisuales dispara de entrada: “No creo que sea necesario estudiar historia del arte: siempre me interesó más la sociología de los medios y la relación entre el arte y los medios de comunicación”.
-Hoy, ¿qué lugar ocupa el cine en los museos?
- Por increíble que parezca, en los museos el cine y los audiovisuales tienen todavía un rinconcito separado.

Berta Sichel
- ¿Hay algún tema que se reitera, alguna búsqueda en común, en la producción actual?
- Creo que se están buscando nuevas maneras de narrar. Hoy, con la tecnología digital existe la posibilidad de hacer combinaciones que antes no eran posibles. Se puede hacer una obra de arte -una película, una obra de cine expandido o un film de museo- sin utilizar la cámara, sólo apropiándose de cosas que ya existen y montándolas como si fuera un tercer texto: una relectura.
-A partir de la incorporación de videos y video instalaciones en los museos, ¿qué cambios observa en la relación del espectador con la obra?
-Vivimos en un mundo cercado de imágenes en movimiento. La pantalla está en todos los sitios: desde los aeropuertos hasta los consultorios médicos. Y hoy la contemplación es sinónimo de placer. A mí me encanta ir al Lo-uvre o al Prado y quedarme horas mirando una pintura, pero eso es un placer que uno se da: en la vida diaria no hay muchos momentos para la contemplación. Por otro lado, los artistas están incorporando temas cotidianos, de género, de arquitectura y de raza que antes la historia del arte tradicional no miraba. Uno podría decir: “La televisión también muestra estos temas en los telediarios”. Sí, pero lo hace con otro lenguaje.
- ¿Y el rol del curador se modificó en algo?
-Un curador hoy es casi como un periodista. Es un mediador entre el artista y el público. Tú como periodista tienes que mirar una exposición y después trasladar lo que ves a un público muy grande.
Y un curador tiene que saber escribir un texto: tiene que armar un discurso, pero en lugar de palabras usar imágenes.
-Se tiende a escribir textos curatoriales muy barrocos…
-Y también hay una tendencia a poner títulos imposibles para las exposiciones: yo los odio (risas). Hay una tradición de la crítica del arte y también de la crítica literaria que considera que para mostrar conocimiento tiene que ser oscura. Piensan que es algo erudito a lo que muy poca gente puede acceder. Esa tendencia se da en Francia, en España y en Latinoamérica, en cambio en EE.UU. y en Inglaterra se escribe súper directo. Creo que para escribir claro hay que conocer de lo que se está hablando, y un curador tiene que explicar su punto de vista de un modo inteligente y comprensible.
-¿El video es el arte de hoy?
-Yo creo que es el arte que está más conectado con el presente. Hay pocas obras que están en Internet o proyectos web que me parezcan interesantes.
-Usted habló del placer de la contemplación, ¿puede el video arte sacudir al espectador del mismo modo que una pintura o se establece otro tipo de relación?
-Creo que puede sacudirlo, pero la gente tiene que aprender a mirar. Hace poco se realizó un estudio en EE.UU. que determinó que quienes asisten a los museos se quedan menos de veinte segundos frente a una pintura. La gente tiene que saber que una obra audiovisual tiene un comienzo y un fin, por más que dure dos minutos. Este es un problema que tienen que considerar los museos. Por eso, creo que muchas veces es mejor mostrar ciertas obras en un auditorio, como si fuera cine.