“Tu victoria en Bolivia fue la victoria más significativa de toda América Latina”. Esta frase fue pronunciada a los oídos de Evo Morales no por Hugo Chávez, ni por Rafael Correa. Tampoco por el mítico Comandante Fidel Castro, sino por el sindicalista metalúrgico devenido en presidente de “la” potencia sudamericana, Luis Ignacio “Lula” Da Silva. Por Adolfo Rocha
Y también importa el marco en que fue pronunciada esta frase. Nada menos que la reunión de mandatarios del MERCOSUR en la provincia argentina de Tucumán, solar histórico donde se declaró la independencia de ese país hace 192 años.
Este respaldo significativo de sus pares a Evo contrasta con la complicadísima situación interna de Bolivia, y se explica, precisamente, a partir de la misma. El compromiso de enviar veedores al referendo revocatorio del 10 de agosto, sancionado a partir de una iniciativa de la derecha parlamentaria, adoptado inmediatamente por el MAS, y rechazado por los prefectos de la “Media Luna”, quienes probablemente no pasen la prueba. Una muestra más de que Gabriel García Márquez es un “recreador” de las realidades de nuestro continente, y de la certeza de que aquel mote de “realismo mágico” impuesto a la generación de los escritores del “boom latinoamericano”, es tan sólo “mágico” para los europeos. Para nosotros, se aproxima al realismo a secas.
Esta última reunión cumbre del MERCOSUR el 1 y 2 de julio sirvió para discutir, entre oras cuestiones, la situación planteada en la economía mundial a partir de de la escalada, hasta ahora sin techo, de los precios de los alimentos y el petróleo. Todos los miembros - o aspirantes a serlo - del MERCOSUR son productores de lo uno o lo otro - Chile lo es de cobre, otro comoditie cuyo valor se fue a las nubes -. Brasil, lo es de ambos.
Porque hace falta volver a la raíz del conflicto boliviano, a riesgo de caer en un “reduccionismo economisista”.
La “Guerra del Gas” del año 2002 inicia dos procesos simultáneos. Uno es el comienzo de la disputa entre los distintos grupos sociales por el control de la nueva riqueza boliviana, como lo fuera el estaño hasta mediados del siglo XX. Otra es la definitiva desaparición del sistema de partidos consolidado tras la revolución de 1952. Los emergentes movimientos sociales son la representación de los sectores populares bolivianos: campesinos - cocaleros o no-, indígenas - estas dos condiciones suelen ir de la mano- proletariado urbano - muy debilitado en términos numéricos - y una basta categoría social de trabajadores por cuenta propia, obreros semiocupados, pequeñísimos comerciantes y otras categorías sociales producto de las migraciones internas, y el modelo neoliberal, que se agrupan en La Paz, pero, fundamentalmente, en El Alto, la ciudad más poblada del país.
Los movimientos sociales encuentran en el MAS y en la figura de EVO un canal en la lucha por el control del Estado boliviano. El objetivo es claro: controlar desde el estado la renta gasífera. Eso en primer lugar. En segundo, y este es un dato no menor, pero poco tenido en cuenta, relanzar la siempre frustrada reforma agraria. La base social de evo son los indígenas- campesinos en las zonas rurales, y las masas proletarias y semi- proletarias de las ciudades, fundamentalmente del La Paz y El Alto.
Mientras tanto, la derecha se ve tomada por sorpresa ante esta salida de la pasividad política por parte de los indígenas, campesinos y sectores populares. En circunstancias normales, hubiera podido expresar más abiertamente la disputa por la hegemonía entre las viejas élites paceñas, y las nuevas élites Cruceñas. El reclamo regionalista y autonomista hubiera surgido de todas maneras, pero no hubiera adquirido la gravedad y el dramatismo que tiene hoy día.
Porque más allá del accionar de los Estados Unidos, tenemos que ver la dinámica interna del proceso, hijo de la reconfiguración neoliberal del estado boliviano, y del mundo, en definitiva. La crisis de los sistemas políticos, y las consecuencias socioeconómicas del neoliberalismo se ven tanto en los suburbios parisinos como en Haití. Sólo que países como Haití, o Bolivia, son la “frontera de la globalización”, el borde donde se manifiesta con mayor crueldad el carácter profundamente restaurador y reaccionario de la Revolución Conservadora. Son los famosos “estados fallidos”, calificados así por los teóricos y analistas de esa misma revolución.
La derecha boliviana no es sólo una típica elite retrograda latinoamericana. También es inteligente, tiene cuadros con experiencia política, que a ojos vistas, supieron adaptarse rápidamente a la situación.
Se reagrupó bajo las viejas consignas de la autonomía y el federalismo, que permanecieron como reivindicaciones soterradas en la sociedad boliviana durante más de cien años. Se los podrá acusar, certeramente, de oportunismo. Pero es innegable que haber reclutado a una disidente del MAS como la indígena Sabina Cuellar, candidatearla a prefecto por el departamento de Chuquisaca (Sucre), y llevarla a la victoria, fue una maniobra que refleja tanto la desesperación como la astucia de las élites tradicionales, que hoy se visten con ropajes populares.
Sencillamente, la dirección del MAS no advirtió la maniobra ni comprendió - en profundidad - el proceso de mutación de la derecha. El gobierno ha perdido la iniciativa política durante estos últimos tres meses. El referendo revocatorio es la única carta, que hasta ahora, muestra para retomarla.
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