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Jorge Volpi

El escritor mejicano cierra su trilogía

Jorge Volpi

Jorge Volpi

No será la tierra es el título de la nueva novela de Jorge Volpi, que aparecerá en septiembre y con la que el escritor mexicano cierra su trilogía sobre el siglo XX. En ella ha elegido el final del socialismo para contarnos la historia de tres mujeres de lugares, generaciones y profesiones diferentes.

“Es una novela sobre el mundo de la política, pero también sobre la búsqueda de la esencia humana, materializada aquí en el proyecto Genoma”, explica el autor, que, también en sus dos libros anteriores, En busca de Klingsor y El fin de la locura, mezclaba novela histórica con novela científica.

A continuación, TroVarelamerica publica una entrevista realizada en el mes de julio en Lima por Gonzalo Pajares Cruzado para Perú 21.

Jorge Volpi encabezó un movimiento literario de ruptura con la ‘tradición’ novelística latinoamericana -léase realismo mágico- conocido como el ‘crack’. Ganador, en 1999, del Premio Biblioteca Breve (que Vargas Llosa ganó en su primera versión, en 1962), el mexicano cree que, gracias a movimientos como el suyo, los escritores latinoamericanos pueden escribir hoy con mayor libertad.

Un crítico dijo que había que esperar unos años para ver si el ‘crack’ fue un movimiento comercial o uno literario.

Más allá de todo, queda claro que nunca fue un movimiento comercial. Fue algo espontáneo. Hace algo más de diez años

creamos un grupo al que llamamos ‘crack’. Esto fue lo que más les incomodó a los críticos: que nosotros mismos nos diésemos un nombre. Es cierto que quisimos escandalizar al medio literario. Entonces existía el prejuicio de que la literatura latinoamericana era -y debía ser- una sola y enmarcarse en el realismo mágico. Como dijo Octavio Paz, América Latina siempre ha tenido una tradición doble: una nacional y otra universal, una de ruptura y otra de continuidad. Los escritores del boom fueron atacados por los ‘nacionalistas’ y, ahora, paradójicamente, son vistos como la encarnación de lo latinoamericano.

¿Y cómo ve el panorama ahora?

Mucho más claro: los escritores reconocen que el realismo mágico no es la única opción. Aunque, a veces, esto no sucede fuera de Latinoamérica.

¿Fue necesario el parricidio?

Ni siquiera lo intentamos. Queríamos hacer evidente una confusión. En el manifiesto señalamos nuestra admiración hacia el boom en general y hacia García Márquez en particular. No queríamos ‘matarlo’ para ocupar su lugar, sino decir que existían muchos lectores, escritores y críticos que estaban cometiendo un error de simplificación que ni siquiera el boom intentó.

¿No será, también, que los lectores exigen que los latinoamericanos solo escriban realismo mágico?

Sí. Pero propiciado por los críticos, las editoriales y ‘la academia’ de estos lugares. Rulfo es grandioso, pero hay que explicarles a los lectores que las cosas no funcionan así, con la pura imitación: también hay diálogo, conflicto y crisis con la tradición a la que se pertenece.

Hay en Europa -en España, por lo menos- un interés por escritores latinoamericanos. ¿Por qué?

La teoría de que nadie es profeta en su tierra es muy propia de los ambientes literarios, no solo latinoamericanos. En mi caso, la crítica foránea ha sido mucho más entusiasta que la mexicana. Sin embargo, esto también pasa en España con los españoles; en Perú, con los peruanos. El medio literario es pequeño; la competencia es terrible; los egos son mayúsculos.

Se dice, además, que ustedes son producto de las editoriales españolas.

Es un argumento falso y típico para descalificarnos. Cuando llegué a España, era un autor absolutamente desconocido que mandó un manuscrito a la editorial Seix Barral y ganó el Premio Biblioteca Breve. Mucha gente puede crear teorías sobre una conspiración de las editoriales para promover a uno y descalificar a otro. En todo sitio he oído los mismos argumentos cada vez que alguien gana un premio. Por ejemplo, acá en contra de Santiago Roncagliolo.

Desde la literatura, ¿qué lectura hace de la globalización?

Creo que es una confusión fácil ver a la globalización como la causa de que los latinoamericanos intenten escribir sobre otras cosas o que publiquen en otras partes, cuando esto ha estado en el seno de la literatura. Creo que una condición natural de la literatura es no respetar las fronteras ya sea políticas, geográficas o ideológicas.

Dicen que el escritor latinoamericano tiene que leer lo que se escribe en su país, en Europa y en Estados Unidos. En cambio, los europeos y americanos, solo lo que se publica en su país, y con eso les basta. ¿Es cierto?

Estoy de acuerdo. Hace poco, en un congreso, hablé de escritores franceses con un autor francés, lo que le pareció muy natural. Luego, me dijo: “Acabo de leer una novela de un latinoamericano -no me gustó mucho, la verdad-; se llamaba, se llamaba… Vargas algo”. Ese es el fenómeno clásico: los que se sienten en el centro de Occidente rara vez exploran la literatura de lo que no consideran Occidente.

Ahora ustedes son el nuevo boom. Quizás de acá a diez años haya un manifiesto en su contra.

Sería natural y saludable. La literatura es un terreno de diálogo, de apropiación, de conflicto, de crisis y de crítica. Así se enriquece.

¿Cuando lee un libro, se fija en la nacionalidad del autor?

Debo reconocer que sí. Me gustaría no tener prejuicios a la hora de leer.

En sus textos están muy presentes la música y la ciencia. ¿Por qué?

Quise dedicarme a ellas. En las artes prefiero la música a la literatura.

Dicen que la música es la más perfecta de las artes y que cuando alguien no puede ser músico se dedica…

A artes subalternas, como la literatura. Yo podría suscribir esa frase.