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Los mundos de Orhan Pamuk, según Edmundo Paz Soldán

Pamuk, a los cincuenta y cuatro años, ha sido galardonado con el premio Nobel de literatura. La academia sueca no se ha equivocado esta vez. La obra de Pamuk es central para entender nuestro tiempo, pues muestra demanera explícita ese choque que estamos viviendo hoy entre modernidad ytradición, entre Occidente e Islam. Me llamo Rojo (Alfaguara, 2003; Punto de lectura, 2005), su mejor novela, se enfoca con maestría en estetema.

PamukLa novela, ambientada en el Estambul del siglo XVI, giro en torno alos deseos del Sultán de encargar un libro con retratos suyos que celebrensus logros. Esto no es fácil en tiempos del Imperio Otomano: la leyislámica prohibe el arte figurativo e impide que existan retratos del Sultán. Las influencias artísticas traspasan fácilmente las fronteras,pero luego estas influencias deben lidiar con diferentes normasculturales, políticas, religiosas. Me llamo Rojo es una gran novela histórica, pero también es un policial brillante. Aquí, Pamuk muestra,como muy pocos novelistas contemporáneos, la capacidad que tiene el género novelístico para discutir críticamente los problemas de una región, unpaís, un continente.

Pamuk ha señalado que Turquía es una nación con dos caras;geográficamente, pertenece a Europa, pero su alma quizás pertenece almundo islámico. Estambul es el rostro moderno, occidental de Turquia, perohay otras regiones del país que son más afines al Islam. Por supuesto, no es fácil separar las dos caras: lo normal es que el el corazón de cadaturco convivan, de manera incómoda, Islam y Occidente. Nieve (Alfaguara, 2005), la última novela de Pamuk, aborda este tema. Nieve es esa cosa que a los editores de hoy no les gusta para nada, acaso porque saben que hay pocos lectores interesados en ello: una novela política (una editora española me dijo que sólo le aceptaba novelas políticas a Vargas Llosa).

El personaje principal de esta novela, Ka, es un poeta turco que hacemuchos años vive exiliado en Frankfurt y que decide volver a Turquía enbusca de una mujer con la cual casarse. Una vez en Estambul, se entera que Ipek, una bella mujer que conoció durante sus años universitarios, está viviendo en Kars, una remota región del país. Ka decide viajar a Kars conla excusa de hacer un reportaje sobre una ola de suicidios de mujeres alas que se les prohibe usar el velo en el colegio: “A los hombres les da por la religión y las mujeres se suicidan. La causa de estos suicidios esla extrema infelicidad de las jóvenes. Pero si la infelicidad fuera una razón válida para el suicidio, la mitad de las mujeres de Turquía lo haría”.

Una vez en Kars, una tormenta de nieve aísla a Kars del resto del país.Mientras trata de convencer a Ipek de irse con él a Frankfurt, Ka descubrirá ese lado islámico del país que la Turquía moderna se niega aaceptar, y que en el fondo es aquello que ha sido reprimido para que la Turquía moderna exista. Pero lo reprimido, lo sabemos desde Freud, siempre se las ingenia para reaparecer, y cuando lo hace, termina desnudando la verdad acerca del trauma original necesario para fundar una identidad. En el caso de Nieve, la “verdad” es que el fanatismo religioso es abominablepero inevitable en el mundo islámico: “permite que uno pueda ser más pobrepero más orgulloso”. También es inevitable porque permite vivir la idea de Dios no en la terrible soledad del individuo sino en comunidad. Pamuk ha querido escribir una novela política a la manera del Dostoievski de Los poseídos. No le ha salido del todo. Margaret Atwood ha escrito que se trata de “una lectura esencial para estos tiempos”. Quizás Atwood esté pensando que es necesario leer Nieve para entender la complejidad del mundo islámico.

La verdadera novela esencial de Pamuk es Me llamo Rojo.Esa novela es suficiente para considerar a Pamuk como un grande de nuestro tiempo, alguien que merece ser leído más allá de sus problemas extraliterarios o la privilegiada situación geopolítica de su país.

Alguien que merece ser leído más allá del Nobel.