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Made in Uruguay: murga, un delivery de esperanza y felicidad

Murga: Dícese del fenómeno urbano y musical que consta de componer, a partir de melodías popularmente conocidas, canciones con connotaciones sociales y/o políticas para inducir al público a la reflexión…

Falta y Resto, uno de sus mayores exponentes, muestra el otro lado de su cara abrillantada y cuenta el camino que los llevó a ser uno de los mejores representantes de una revelación rioplatense única.

Y finalmente apareció. El espectáculo estaba en su ocaso, hacía hora y media que estaban sobre el escenario cantando y bailando sin parar cuando se comenzó a respirar un aire distinto, los tachos de luces se movían desquiciados, la gente desde las butacas saltaba como sobre sartén caliente y no podía detener sus manos aplaudidoras. Los murguistas, cada vez que querían dejar el escenario, una fuerza poderosa los empujaba nuevamente sobre las tablas.

Casi sin percibirse, había aparecido el Dios Momo en el show de Falta y Resto de un domingo helado de julio. Y no pregunten qué forma tenía, de qué color era su aura, cómo estaba vestido o qué dijo en su aparición, sólo puede decirse que no viene siempre, pero cuando llega, imposible no notarlo.

Falta y Resto es una agrupación murguera con casi 30 años de trayectoria y una fabulosa popularidad expandida en los años duros de principio de siglo XXI. Una de sus particularidades es la energía que emana desde el escenario/calle/veredas del barrio donde extienden su repertorio. Otra, son las letras, coros y ritmos únicos compuestos por ironía, humor y amor, melodías familiares al oído pero con un giro en su contenido y una conexión con el público envidiable. Ver una murga es ver una fiesta. Enseña, recuerda, divierte y advierte, licúa la sangre al compás de los platillos y seduce con bombos y tambores. Recorre sucesos políticos, sociales y de otra índole de Uruguay y el mundo. Y sin pensarlo demasiado, se transformó en un fenómeno latinoamericano capaz de cruzar el charco platense primero, para ganarse un territorio mundial después. Aquí va la receta, por uno de sus principales cocineros, el Mono Orlando.

Falta y Resto es una agrupación murguera con casi 30 años de trayectoria y una fabulosa popularidad expandida en los años duros de principio de siglo XXI. Una de sus particularidades es la energía que emana desde el escenario/calle/veredas del barrio donde extienden su repertorio. Otra, son las letras, coros y ritmos únicos compuestos por ironía, humor y amor, melodías familiares al oído pero con un giro en su contenido y una conexión con el público envidiable. Ver una murga es ver una fiesta. Enseña, recuerda, divierte y advierte, licúa la sangre al compás de los platillos y seduce con bombos y tambores. Recorre sucesos políticos, sociales y de otra índole de Uruguay y el mundo. Y sin pensarlo demasiado, se transformó en un fenómeno latinoamericano capaz de cruzar el charco platense primero, para ganarse un territorio mundial después. Aquí va la receta, por uno de sus principales cocineros, el Mono Orlando.

¿Cómo es el espíritu murguero, que tiene de particular?

La murga es como una máquina de hacer feliz a la gente. Creo que primero nos transformó a nosotros, cuando se crea la Falta allá por los años 80, un poco en respuesta popular a las dictaduras impuestas en ese momento, con un canto muy simple, muy urbano, de muchachos que se juntaban en una esquina a cantar. Por eso es tan fácil hacer una murga. Es juntarse a cantar.

Y bueno, la murga en esos años ayudó de alguna forma a la democracia, porque expresaba lo que la gente quería decir y no podía, era como una voz en el silencio. En esos años de persecución, la murga creó entre la gente familias y solidaridad. Ése es el camino de la murga, ser más solidario, luchar por la paz, el bien común, y mucho más ahora, en este momento tan difícil entre Argentina y Uruguay. Nosotros hacemos un espectáculo que se llama “Amor Rioplatense”, que indica justamente eso, que estos pueblos van mucho más allá. Muchas veces la política te puede llevar por lugares que los pueblos no quieren ir… La murga, personalmente, me transformó la vida, me dio una la posibilidad cultural de cantar entre amigos sobre lo que nos pasaba. ¿Por qué latinoamericano? Porque lo que pasa en un barrio acá en Argentina, pasa en Uruguay, en Chile o en Bolivia. Porque las necesidades son las mismas, la de buscar el bienestar del ser humano. Aunque pensándolo así, más que latinoamericanista, esta búsqueda es mundial.

Eso te iba a preguntar, ¿Puede surgir la murga en otras latitudes?

¡Sí! -explota de emoción- Yo creo que sí. Mirá, el otro día estaba mirando un programa de tango acá en Argentina, y como me gusta mucho el tango me quedé un rato largo frente a la tele. Había un grupo finlandés tocándolo y explicaban como habían descubierto, desde tan lejos, este tipo de música. ¡Resulta que el tango había llegado a Finlandia en 1923!… Entonces creo que sí, que en 30 o 40 años alguien puede estar cantando murga allá, porque lo que hace la murga es juntar personas a cantar… y cantar une. No importa lo que se cante, juntarse y cantar, esa es la base de la murga. Y no sólo a los amigos, a los que nos rodean, sino a los pueblos.

Eso es una de las cosas que más me sedujo de la murga, la razón por la que le dediqué mi vida a Falta y Resto, que salió del carnaval, que empezó a escribir letras locales, pero que comenzó a no ver la hoja sino el árbol, ver que en otros lugares éramos recibidos de forma muy hermosa, porque quizás la gente se sentía de alguna forma identificada con lo que estábamos cantando. De ahí viene la simpleza de la murga, es una cosa muy sencilla que, sin grandes ribetes, llega al corazón.

Surgieron con la dictadura ¿Cómo hacían en sus espectáculos para llegar al corazón sin que se los llevaran a ustedes?

Había muchas murgas. Falta y Resto nació como una murga que se inclinaba más hacia la izquierda. Primero usábamos mucho la creatividad, porque te daban toda una lista de palabras que no podías decir, como “paloma”, “verde”, “yerba”, “compañeros”, “solidaridad”… ¡bien a lo milico! Entonces había que buscar la manera. Por esos años, 1985, todavía estábamos con la dictadura y teníamos un show que se llamaba Murga La y que trataba de alguien que decía que la murga no existía, que eran solo trajes. Nunca supimos porqué pasó la censura, pero en esa época Murga La fue muy importante, era como una especia de cómplice, de juego de escondidas. La gente nos entendía, siempre lo hizo… es que encima en Uruguay, las distintas dictaduras quisieron cortar el carnaval, pero nunca pudieron, porque tiene unas raíces muy profundas.

En estos casi 30 años de carrera ¿Qué te sigue sorprendiendo?

Los niños cuando me piden que los pinte - y se nota que además de sorprenderlo, lo emociona, lo conmueve- La murga tiene la gran particularidad de que en los espectáculos hay niños y hay viejos, hay adolescentes, hay señoras y jóvenes y cada uno representa, en esa llegada al corazón, lo que quiere ver. Por eso no necesitamos de juegos de luces o efectos especiales como se usa en este momento, sino que la gente tiene que verse reflejada, tiene que saber que cualquiera puede subir al escenario a decir lo que quiere o siente. Por supuesto la murga en Uruguay ha ido evolucionando después de 200 años y la parte coral hoy en día lleva tres o cuatro meses de ensayo. Pero de lo que hablo es del espíritu, por eso todos se sienten representados. Nos somos esos artistas inalcanzables… algo “ohhhhhh allá arriba”. No. Es una cosa muy íntima, que está hecha de verdad, eso es lo que más me seduce todavía, lo que más me emociona. El día que pierda eso, me imagino que me iré. Me sorprende la cara de los niños cuando los pintás, y esa sensación de que siempre es la primera vez, siempre tengo la sensación de que tengo que conquistar a la gente, tengo que enamorarla de verdad y la gente lo recibe así.

De hecho, todos los espectadores salen (después de infinitos bises) enamorados del show. Y… ¡ojo! ese sentimiento incluye mariposas estomacales, colibríes de colores en la cabeza, una cuota de pacífica estupidez, sonrisas por doquier y al por mayor. Queda olor a fiesta, queda la vibración de las voces cantantes que por más de dos horas no se detuvieron más que para agradecer la presencia de tanta gente, tan contenta. “Esta noche está pasando algo especial”, repetía el director de la murga, Raúl Castro, y quizás se refería un poco a la respetable presencia del Dios Momo despertado por la gente del público.

¿Qué método utilizan para hacer reír con temas conflictivos?

La Falta es una murga que históricamente no es de las que hizo reír más. Pasamos siempre por hacer pensar. Estuvimos en la lucha con los desaparecidos, por eso tuvimos un gran contacto con las Madres de Plaza de Mayo y las Madres de Uruguay… Pero sí ha habido canciones muy de risa, porque es fundamental la risa en el espectáculo, porque es como abrirle una puerta a la gente para que escuche otra cosa. Entonces en los espectáculos de la Falta siempre va a haber risa. Y no pretendemos levantar banderas por nada ni nadie, y mucho menos por política, todo lo vemos desde el punto de vista humano. Nosotros somos como la familia, como los viejos, como los hijos, la murga es eso, es esa representación, donde los niños pueden estar dos horas prendidos a las canciones que muchas veces no entienden y muchas otras, sí. Y de repente, una veterana… ¡Ah! Yo tengo una hincha acá en Buenos Aires que tiene 99 años y nos va a ver siempre, y eso es una locura… Digo, ¿Cómo es que la murga puede lograr esas dos cosas en el mismo instante? Niños y ancianos. Bueno, eso es lo que me mantiene todavía arriba de los escenarios.

¿Cuál es el rol de la murga hoy?

Creo que es momento de extenderse, que la murga tiene que decir algo, no se a dónde ni hasta dónde, ni cuanta gente los deba recibir. Creo que es tiempo de que en otros lugares también se cante murga. No específicamente la murga uruguaya, sino el método. Nosotros hacemos talleres donde la gente le sorprende la facilidad con la que se arma una murga y con temas que ya conocen, porque la murga en general lo que tiene es que le pone letras nuevas a las melodías conocidas -su próximo espectáculo “Anarquía” tendrá composiciones musicales originales-.

Y aunque el diccionario diga que murga es un grupo de gente que canta muy mal, como una cosa de hacer barullo, en Uruguay promueve una pasión en la gente, se arman hinchadas por el Concurso -en el Carnaval de Montevideo-. Pero creo que cuando salís de Uruguay, las letras no tienen que cambiar, pero sí encerrar una temática mucho más general, que no solo hable de un pueblito, sino que se expanda. Y a nosotros nos pasó que cuando nos expandimos, nos dimos cuenta que Raúl, que es el que escribe la mayoría de las letras, tenía una gran universalidad en los temas. Y eso hizo mucho más fácil nuestra llegada a otros lugares. Pero insisto en que la base es que la gente percibe que lo hacemos con mucho amor y con mucho arte, y me parece, aunque quizás peque de no ser humilde, que es un espectáculo que se puede presentar en otros lugares.

Cachún, cachún, cachún y tá

¿Crees que se valora a la murga como una expresión cultural?

Mucha gente siente que va una murga y dice “ah! Eso es Cachún, cachún, cachún y tá” Y no es así. Hay que romper con esa estructura, porque la murga puede decir esto y lo otro. Otra gente lo confunde con el candombe, piensan que son más o menos lo mismo. Pero cada uno tiene su ritmo, por eso siento que nosotros, de alguna manera, vamos enseñando la cultura, como nos pasa a nosotros cuando vamos a otro lado y absorbemos la cultura del lugar. Obviamente todos conocemos a los Rolling Stones, pero también hay que prestarle atención a eso que tenemos más cerca y desconocemos… Cuando fuimos a Salta conocimos a un tipo que tocaba con su tambor unas coplas que nos dejaron helados. Esa cultura que nos viene de otros países, está bárbara, a mí me encantan los Beatles, pero también tengo que conocer esta cultura cercana que nos une más en raíces. Escuchamos todo, hasta cuando vemos la gente que toca en las calles, el Cosquín Rock, todo de todo nos nutre. Es como en las cruzadas, no solo llevabas cosas, sino que te nutrís de lo que vas encontrando.

Tema ineludible… Papeleras

La Falta tiene una postura anárquica, cada uno expresa lo que siente, más allá del sentimiento en común que nos une. Ninguno está de acuerdo con el tema de la contaminación, y no hablo sólo de las papeleras, de cualquier tipo de contaminación. En Uruguay hay mucha contaminación. Y acá también. Cuando estuvimos en Salta, los mineros protestaban porque se estaban contaminando las capas de mas profundas del agua con los químicos que se usan para sacar el oro. Digo, cada lucha es importante en cada lugar. Lo que hemos hablado, aunque ahora voy a hacerlo desde mí, estoy en desacuerdo con la instalación de las papeleras, pero eso es “El Mono”, no Falta y Resto. De todas maneras, desde La Falta, siempre estamos de acuerdo con estas luchas, siempre y cuando no sean por banderas, sino que sea por una causa justa. A mi me parece que la contaminación es un problema mundial, no del Río de la Plata. Sólo los que ganen mucho dinero con esto pueden estar de acuerdo. Todo tipo de fábrica contamina y eso se sabe.

Por otro lado están los lugareños, que la única posibilidad que tienen de trabajo es esa. No se… es muy confuso, porque son difíciles las alternativas. Trato de expresar eso mismo arriba del escenario. También me parece que estos temas se toman en algún punto para hacer bulla y ocultar otros tan importantes como esos. No dediquemos tanto, demos nuestra postura y sigamos, porque sino nos sentimos que opinamos sobre la punta del iceberg. Yo me pongo a opinar a través de una murga, esa es mi humilde postura.

¿Y cómo ves la murga en 25 años?

Quizás cambie la forma visual, pero lo que me parece que no va a cambiar es el de seguir dándole esperanza a la gente. Creo que va a perdurar para siempre. Yo siempre digo: “Por donde pasa una murga, queda una esperanza”. Porque la murga expresa una especie de convencimiento de que las cosas se pueden hacer. Eso me parece que va a seguir por 25 años, 50 y 100. Porque los murgueros de hoy estamos parados sobre los hombros de otros murguistas, y esos de otros anteriores. Porque la murga cuando se va, siempre promete volver. Eso es lo que va a ser “dentro de siempre”, ojalá que sea así, es lo más importante.

Cuando la veas, te va a pasar algo, eso es lo que siempre le digo a la gente. Quizás en diferentes formas, pero te va a pasar algo seguro. Porque es lo que nos deja a nosotros en el escenario, esa sensación de que pasó algo. Por eso sigo cantando y por eso a la gente le gusta ver la murga. Y me parece que en esa coincidencia es donde vive la murga: la esperanza…

Fenómeno latinoamericano muy lejos del oportunismo papelero -aunque en su espectáculo actual dediquen unos minutos a exponer su postura- Falta y Resto crece y crece. Y con sus brazos ya está empezando a tocar países cercanos y lejanos.

Sin duda, habría que informarle a la Real Academia Española sobre estas agrupaciones artísticas y urbanas, su calidad “cantautora” y sugerirles que cambien la definición de murga en su vigésimo tercera edición: “Compañía de músicos malos, que en Pascuas, cumpleaños, etc., toca a las puertas de las casas acomodadas, con la esperanza de recibir algún obsequio”.

Más info:
http://www.faltayresto.tk
faltayresto@gmail.comfaltayresto@gmail.com