Considerado uno de los creadores surrealistas más emblemáticos, Hans Bellmer (Katowice, Almania, 1902 - París, 1975) construyó en 1934 el objeto surrealista por excelencia: La Poupée.
Introducido en la escena artística de la mano del dibujante Georges Grosz, de quien aprendió la profesión al tiempo que trabajaba como tipógrafo en Berlín, Bellmer deseaba traducir en arte su universo imaginario, dominado por sus deseos más secretos y ocultos, que estaban relacionados con lo erótico y la mecánica del deseo. Desde la llegada al poder del partido Nazi, Bellmer se opuso al poder fascista y abandonó su agencia de publicidad, pues no quería contribuir a sustentar el estado germano. Fue entonces cuando dio forma a sus famosas muñecas a escala natural. Las primeras fueron construidas con pedazos de juguetes rotos de cuando él era niño y mostraban la visión sádica y bizarra de muchachas desnudas e impúberes. La idea de exceso, del abuso y la mezcla entre la niña víctima y la joven objeto de deseo, convertirían estas piezas en elemento casi de culto para los grupos de vanguardia, en un momento en el que la represión sexual había generado una interesante obsesión por la muerte y por el sexo. Como no podía ser de otra forma, en la Alemania de aquella época, su arte fue declarado “degenerado” y Bellmer tuvo que salir del país. Encontró en París y en el grupo de los surrealistas -de forma especial en Marcel Duchamp y en Man Ray- su refugio más ansiado. Allí, las fotografías de sus adolescentes serían publicadas en la revista Minotaure, en 1935, bajo el título “Variaciones sobre el montaje de una menor articulada” y, al año siguiente, el propio Bellmer editaría el libro Die Puppe.
Precisamente, la fotografía fue otro de los campos artísticos en los que destacó Bellmer. Sus imágenes, siempre muy directas, quieren mostrar la realidad. No hay segundas intenciones, ni accesorios, ni nada que pueda distraer del tema que se representa en prácticamente la totalidad de su producción: el sexo. Esta exposición muestra la mejor selección de su obra realizada hasta la fecha en Francia, en la que se incluyen trabajos de toda su carrera (procedentes de importantes colecciones internacionales), desde objetos-esculturas a fotografías o dibujos, además de algunos cuadernos personales nunca antes mostrados en público. De esta forma, la muestra ofrece la posibilidad de revisar algunos de sus trabajos, así como conocer mejor aspectos creativos pocas veces tratados.
La iconografía de Bellmer y, en especial la de sus muñecas, mantiene hoy en día el mismo carácter sugerente, atrevido y actual de su momento. Su trabajo ha servido de inspiración para generaciones posteriores, sobresaliendo la influencia que ha ejercido en algunos creadores japoneses, como la dibujante de manga Mihara Mitsukaz, o en películas como Innocence: Ghost in the Shell, de Mamoru Oshii.