Por Gloria Escribano, desde San Sebastián. Michael Winterbottom (Blackburn, 1961) es un asiduo al Festival de Cine de San Sebastián. De hecho, su paso por la competición oficial le ha hecho, más de una vez, llevarse un premio a casa como la Concha de Plata al Mejor Director por Génova, en la edición del año pasado o el Premio del Jurado a la Mejor Fotografía para Marcel Zyskind por 9 Songs, en 2005. Y también se le dedicó una retrospectiva así que el inglés se muestra muy cómodo en este escenario donostiarra. Esta vez trajo consigo el documental The Shock Doctrine, codirigido con Mat Whitecross con quien ya había trabajado a dos manos en Camino a Guantánamo (2006, Oso de Plata en Berlín), y en otros títulos.

Winterbottom (a la derecha) en el Festival
El punto de partida ha sido el libro del mismo nombre de Naomi Klein, en el que se recogen temas de sus conferencias acerca de los orígenes de las teorías radicales de Milton Friedman en la Universidad de Chicago y su puesta en práctica en los últimos cuarenta años dando lugar a un capitalismo salvaje que nos ha llevado al desastre económico actual. Este repaso a la economía de libre mercado deja ver oscuros intereses ligados a la represión y a la tortura de los regímenes dictatoriales de Chile y Argentina y traza un paralelo con gobiernos y estados aparentemente distintos como la Rusia de Yeltsin, la Gran Bretaña de Thatcher o las invasiones de Afganistán e Irak.
“Nuestro interés era contar la historia alternativa de los últimos 30 años y lógico, no podíamos seguir cronológicamente el libro ni hacer una versión condensada porque era muy largo y podía aburrir. Decidimos entonces, abrir un debate en cuanto a la clase de película que íbamos a hacer, estudiar juntos el proceso e intentar conseguir los archivos para ilustrar la teoría de Naomi de la mejor manera posible”, dice Winterbottom, cómodamente sentado junto a su co- director en el Hotel María Cristina de San Sebastián.
Al parecer, la periodista y activista canadiense, autora de No logo, no estuvo luego de acuerdo con la propuesta cinematográfica de los británicos. Ella fue quien se acercó a Winterbottom para dirigiera el documental, producido, entre otros, por su marido, Avi Lewis. Su papel se limitaría a actuar de narradora y asesora del material narrativo. De hecho los realizadores le enviaban periódicamente guiones que ella corregía. Pero el resultado final no le convenció del todo y en más de una ocasión ha dejado entrever que le hubiera gustado que se introdujeran más testimonios y menos narración. Sin embargo, estuvieron de acuerdo en el tono, los contenidos y la estructura “Nosotros hicimos una película de archivo tomando el núcleo de su libro y uniendo la perspectiva de las economías de libre mercado en el mundo. Ella hubiera hecho una película sobre un ejemplo concreto y lo que está sucediendo”, explican los realizadores. Klein terminó aceptando que es una adaptación de su libro y la queja no trascendió mayormente.
El público de San Sebastián aplaudió el film en todos sus pases pero para la crítica a la propuesta le falta cierto rigor, el repaso por los sucesos de la historia resulta demasiado rápido y el conjunto carece de la profundidad del trabajo de la periodista. Con todo, la propuesta final, esa invitación a la acción en boca de Klein es la puerta abierta a la esperanza, una tesis de futuro que deja un buen saber de boca y que es lo que el espectador puede llegar a valorar más.
Hacer un documental sobre este tema ¿es una forma de reparar aspectos de la historia y de la memoria? “Es una manera de ver el mundo desde otra perspectiva,, acercarse a la complejidad de lo que sucede y entender el lado oscuro de las grandes empresas e influencias que manejan el mundo. Estos temas me interesan, sobre todo, porque tengo una hija que cumplirá 18 años y que el año próximo votará por primera vez”, señala Winterbottom. “La terapia de shock te limpia la mente, te quedas sin nada y así es más fácil implantar lo quieres en la cabeza de la gente. Lo que pueden hacer los libros y el cine documental es restaurar esa limpieza. Tenemos la obligación de aprender lo que ha pasado, dar a conocer a otras generaciones lo que ha ocurrido”.
El director de la maravillosa Wonderland dice que le gustó el libro porque “es una teoría del mundo contada como un cuento para entender que determinados sucesos que parecen no estar conectados sí lo están”. Conoce la historia latinoamericana de lejos, no ha viajado a ninguna de sus geografías. Whitecross, en cambio, tiene madre argentina (de Rosario) y ha vivido de cerca el dolor del exilio porque sus padres tuvieron que emigrar en los años duros. Y ambos coinciden en que el visionado de tantas horas de grabaciones y archivos fue arduo pero les permitió acercarse de manera global a un tema difícil de rodar y que implicaba una posproducción complicada.
Cuando le preguntamos si en el medio de este caos hay lugar todavía para la utopía, Michael sonríe. “Creo que con la salida de Bush de la Casa Blanca y la llegada de Obama al gobierno en el medio de esta gran crisis financiera mundial estamos viviendo el fin de una época nefasta. Las cosas pueden llegar a cambiar. El mundo no ha sido siempre así y puede haber otros referentes económicos, otro tipo de mercado mucho más justo. Eso es lo que plantea Naomi y nosotros adscribimos totalmente. No sólo se debe pensar en el cambio sino tomar el control y eso sucede si se toma conciencia de lo que pasa”.
¿Y cómo hacer cine en tiempos de crisis? Sobre la producción de su país, Winterbottom se siente un poco desalentado. Como en la mayor parte del mundo, predominan los títulos de grandes estudios y el cine americano sin embargo, “como cineasta debo intentar hacer lo que quiero y considero importante no perdamos ese terreno. En Gran Bretaña hemos contado con la BBC, que ha sido independiente y siempre ha tenido una voz distinta a las de otros países. Pero en los últimos años ha habido una campaña orquestada para reducir su poder e impulsar la televisión comercial. No veo nada bien ese camino”.
El director británico alterna producciones de ficción con los documentales. ¿Una manera de no aburrirse o es una opción que depende de la financiación que consiga? “Lo importante es estar interesado en el sujeto de la película. A veces quieres hacer ficción pero descubres que el formato documental es lo que mejor se ajusta al relato, a la historia. Y sí, lo importante es poder hacer cosas diferentes para no aburrirse. Pasas casi un año con una película así que mejor no encasillarse”.
Los realizadores aspiran a que el documental, que en realidad fue hecho para la televisión inglesa, consiga distribución internacional y pueda ser visto por la gente joven, en sindicatos y universidades. Los festivales, precisamente, facilitan su difusión. “No sé si hacemos cine político, en todo caso, hacemos cine comprometido. Debemos desarrollar resistencia al shock.”, concluye entre sonriendo.
Sus próximos pasos van encaminados a filmar The killer inside me, basado en un libro de James Jonson, sobre un sheriff de Texas, un asesino en serie de los años ’50. ¿La veremos el próximo año en San Sebastián? “Muy probablemente”.
Trailer oficial de La doctrina del shock