content top

Rodrigo Fresán cuenta cómo fue traducir a Bob Dylan

Bob Dylan

Bob Dylan

En octubre estará en las librerías la primera compilación en español de la totalidad de las canciones de la leyenda viva del rock: LETRAS, por Bob Dylan. Global Rhythm Press, Barcelona. 1300 páginas.

El escritor argentino Rodrigo Fresán tuvo el privilegio de ser el elegido para llevar adelante esa monumental tarea. El resultado es un libro inmenso, el primero en español, lleno de notas y acotaciones imperdibles. Fresán responde un cuestionario flash sobre el asunto para TroVarelAmerica.

¿Cuál fue la génesis del libro?

El libro se llama LETRAS. Yo le digo EL BOBSTRUO en confianza y en familia. Y fue un encargo de JuliánViñuales, capo de la editorial de Barcelona Global Rhythm Press. Yo acepté encantado lo que en principio iba a ser “nada más” que la traducción de todas las letras de todos los discos desde “Bob Dylan” de 1962 hasta “Love and Thaft” del 2001 con un largo posfacio sobre “Modern Times” (más canciones sueltas y anexas). Pero mi entusiasmo me perdió y ofrecí anotarlas, contar la historia de cada canción, agregar una introducción biográfica/anecdótica a cada uno los capítulos/discos y recopilar testimonios del propio Dylan, de su entorno, y de fans y seguidores a partir de la inmersión en ensayos y biografías y revistas. Al final, lo que yo escribí para el libro son unas 300 páginas del total de 1300. Por lo que casi sin darme cuenta escribió todo un libro sobre Bob Dylan. Algo con lo que jugueteaba desde hacía tiempo. En resumen: hasta donde sé, no existe en ningún idioma un libro sobre Bob Dylan de semejante calado y calibre –LETRAS no sólo funciona como songbook exhaustivo sino que también puede leerse como una “vida de…” a la vez que consultarse como enciclopedia– y lo digo con toda modestia y humildad. Porque todo el mérito, se entiende, es de Dylan. Me alegra, también, haber acometido semejante empresa cuando Dylan se encuentra en un gran momento, en lo más alto. Para mí “Love and Theft” y “Modern Times” están a la par de sus grandes discos de los años ‘60.

¿Qué fue lo más fascinante y lo más difícil del trabajo?

TODO fue fascinante y difícil. Decisiones constante: ¿Cómo traducir “Blowin’ in the Wind”? ¿Cómo intentar que no se perdieran los innumerables juegos de palabras? ¿Dónde encontrar el verdadero significado de determinada expresión slang de los bluesmen de los años ‘20? ¿Cómo mantenerse objetivo y no caer ante el influjo de alguien a quien admirarste durante décadas y, de pronto, se convierte en el más feroz y exigente y genial de tus jefes? Es muy raro cuando, de pronto, algo cambia de signo: lo que fue puro placer y tregua se convierte de pronto en puro trabajo y placer. Yo jamás me había metido tan a fondo y por tanto tiempo en la obra de alguien (fue un año de condena y de redención al mismo tiempo, un placer y un privilegio y, al mismo tiempo, una tarea bastante ciclópea). Cuando me lo propusieron me dije: si digo que no me voy a arrepentir por toda la vida; si digo que sí me voy a arrepentir nada más que durante un año. Así que buen negocio. Sobre todo ahora que lo miro desde la salida. Si me pongo un poco idiota diría que la sensación, ahora, es un poco parecida a la que experimenté cuando me dieron la baja del servicio militar: alivio pero, al mirar hacia atrás, todas esas historias divertidísimas. Es decir: ¿quién te quita lo bailado y lo que te bailaron? Por supuesto que más de un dylanita no estará de acuerdo con ciertas decisiones que he tomado. Pero me parece bien que así sea. Sobre todo tratándose de Dylan: alguien que se ha pasado toda su carrera intentando y consiguiendo que no hubiera nunca una versión definitiva de su persona y de sus canciones.

Al leer toda su obra y meterte en ella durante -cuánto tiempo-;¿qué descubriste en el imaginario de Dylan e no supieras?

No podría precisarlo pero sí es cierto que, por lo menos, sentí por momentos que me acercaba al modo/método en que Dylan arma sus canciones. Cierta mecánica tan espontánea como precisa que, para él, ya es como respirar; pero que cuando uno se acerca a esa respiración e intenta decodificarla te permite comprender un poco el funcionamiento de un estilo y de una estética y hasta del modo en que, en más de una ocasión, se dedica a destruir su propio mito.

Dijiste que merece el premio Nobel: es el mejor escritor vivo, por qué? Qué tiene Dylan que no tengan los otros nobeles ya otorgados o los por venir?

La justificación para decir eso está en que Dylan me parece insustituible. Ejemplo: si se extirpa a Philip Roth (candidato natural y más que merecedeor del premio) de la tradición de la literatura judeo-norteamericana se pierde un inmenso gran escritor; pero su ausencia no afecta a su entorno ni a sus sucesores. Si se elimina a Dylan de la historia de la música norteamericana queda un agujero negro que nada ni nadie puede llenar. Dylan –quien por otra parte ha experimentado tantos cambios y mutaciones– ya es toda una tradición en sí mismo. Es insustituible. Y no hay nadie que hoy esté a su altura. Su nuevo disco, “Modern Times”, es más que evidencia de ello. Y a la hora de investigar para el libro eso –que ya sabía– se me hizo todavía más evidente. Si algo lamento –y al mismo tiempo me gratifica– es el que resulta imposible agotar la figura de Dylan. Supngo que ese es uno de los rasgos definitorios y definitivos de los verdaderos genios.

¿Cómo trabajaste con las notas, apéndices y testimonios? ¿Dónde buceaste?

Múltiple y caudalosa bibliografía. Ya tenía mucho y conseguí bastante más. Mi biblioteca tiene todo un largo estante dedicado a libros de y sobre Dylan. El libro está lleno de datos curiosos y de casi micro-relatos. A la hora de lo anecdótico, aquí va un muy breve fragmento de la entrada dedicada a la canción “Just Like a Woman”: “Dylan, por su parte, nunca se llevó bien con Warhol: accedió a participar en uno de los screen-tests de The Factory (tres minutos de Dylan fumando y mirando a cámara sin quitarse sus gafas) pero, para horror del pintor, exigió a cambio e in situ, una vez concluida la filmación, uno de los cuadros que hizo Warhol con la figura de Elvis Presley. Cuenta Gerald Malanga –Factory Boy– que Warhol, al borde del colapso, no pudo sino entregarlo y que contempló espantado como Dylan lo ataba en el techo de su auto y se alejaba de allí para no volver. Tiempo después, para mayor espanto de Warhol, Dylan le daría su Elvis a su manager Albert Grossman a cambio de un sofá”.

¿Contactaste con Bob para el trabajo? ¿El sabe de la existencia de su traductor-admirador al español?

No. No hubo ningún contacto. Casi imposible contactar con Dylan. Siempre es Dylan quien contacto con los demás. Así que cruzo los dedos. En lo personal, para mí, ya estoy satisfecho. Haber hecho esto de Dylan más haber prologado y anotado la obra completa de John Cheever significa para mí haber cumplido con mis mayores sueños.