La galería Kurimanzutto presentó el 4 de septiembre la primera muestra individual del artista tailandés Rirkit Tiravanija en México: Palm Pavilion. Durante la misma se realizó una lectura de algunos fragmentos del libro Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero de Álvaro Mutis, realizada por Pablo Soler Frost.
Palm Pavilion fue presentada originalmente dentro del marco de la 27ª Bienal de Sao Paulo en 2006. La misma consiste en una réplica de la Casa Tropical creada por el arquitecto Francés Jean Prouvé en 1949 para albergar a funcionarios y comerciantes franceses que habían emigrado a las colonias africanas y que debían acostumbrarse al brusco cambio de clima y entorno.
Dentro de la réplica se encuentran distintas piezas, como videos, especimenes de palmeras urbanas y una mesa de jardín. Tiravajina (Buenos Aires, 1961) a menudo utiliza habitaciones o elementos arquitectónicos modernistas para analizar sistemas de convivencia con el uso de video, música y alimentos, abordando también temas como la migración, el exilio y el desplazamiento, haciendo hincapié en la obligación y aspiración general de convertirnos ciudadanos del mundo. La lectura de Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero recuerda un personaje siempre en tránsito, prototípico del nomadismo. Desde hace más de una década Tiravanija produce happenings para que el público participe activamente en ellos. Son situaciones o ambientes que cuestionan los límites entre el artista y el espectador, el arte y las actividades cotidianas, dentro de la llamada “estética relacional”.
Sirvió comida como arte en su primera exposición individual en 1990, ofreciendo al público una degustación de Pad Thai, un plato típico de Tailandia, el país de su familia. Trasladó el mismo concepto a sus exposiciones posteriores, en las que ha creado diferentes instalaciones que se transforman diariamente con los platos y utensilios usados. Pero no sólo comparte comida, también su propio hogar (que reconstruyó con contrachapado en un espacio expositivo y lo dejó abierto las veinticuatro horas del día para que la gente lo habitara) y sus viajes (que parten de su espíritu nómada). El arte de Tiravanija es gratuito. Sólo hace falta vivir la experiencia. De hecho, la esencia de sus obras reside en la colectividad, su interrelación, y en la casualidad. Hace arte sin hacer objetos, su fin es una denuncia contra la posesión y la acumulación.